Todo es hermoso a su tiempo

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”Eclesiastés 3:1

¡Cuán importante es el tiempo para el ser humano! Es una de las cosas más invaluables de la tierra. De hecho, se dice y se repite que el tiempo es oro, sin embargo es constantemente desperdiciado y malgastado. Frases como: «¡No tengo tiempo! ¡Se me va el tiempo! ¡si tengo tiempo! ¡Me estás haciendo perder mi tiempo!», se usan constantemente como si su administración fuese algo fuera de nosotros, pero el tiempo es el material con que está hecha la vida. El libro de Eclesiastés nos habla del valor de la vida, y Dios permitió que sea Salomón que escribiera de ello, porque fue un hombre realizado en todo, que excedió a todo hombre de su tiempo en riqueza y sabiduría, para que no se diga: «Él escribió así porque era un amargado» o «Él solo está filosofando», sino que al contrario, fue uno que pudo decir: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y ésta fue mi parte de toda mi faena” (Eclesiastés 2:10), y Dios se lo permitió, para que también pudiese concluir su libro diciendo: “El fin de todo el discurso oído es éste: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13).

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.  Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;  tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;  tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;  tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;  tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;  tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;  tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz” -Eclesiastés 3:1-8

 

El hecho que sea Salomón el que diga esto, debiéramos tomarlo en cuenta, pues es una gran verdad. Desde que tenemos vida, estamos sujetos a un tiempo para nacer y morir, y en ese lapso, que para algunos es muy corto y para otros puede que sea largo, estamos sometidos a un tiempo para realizar cada cosa. Hay tiempo para todo debajo del sol, ahora lo importante sería saber cómo estamos usando e invirtiendo ese tiempo que se nos ha dado; ¿estamos haciendo todo a su tiempo? Hay una gran ventaja en hacer las cosas en su tiempo, incluso también Salomón dijo: “

¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;  y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.  He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres” -Eclesiastés 3:9-14

Nota que nuestro Dios hizo todo apropiado, hermoso, placentero a su tiempo, por lo que entiendo que es productivo y conveniente es el hacer las cosas a tiempo. El problema nuestro es que queremos hacer muchas cosas a la misma vez, sin embargo el Predicador dice que cada cosa tiene su tiempo, por lo cual, hagamos una cosa a la vez. Cuando se ignora este principio no es extraño oír a un anciano decir: «¡Ay, si los jóvenes supieran!» y a los jóvenes decir: «Ay si los viejos pudieran!», porque cuando los jóvenes pueden no saben, y cuando los viejos quieren no pueden, pero ambos deben aprender que hay tiempo para todo y que todo hay que hacerlo a su tiempo. Nadie puede ser abuelo a los siete años, y si pudiera no supiera. Por eso es tan lamentable y el precio tan alto que la humanidad está pagando por la catástrofe social de dar riendas sueltas al sexo, sin importar la edad. Así vemos niños teniendo niños… Mas, todo a su tiempo cuán bueno es.

A los niños hay que dejarles que disfruten su niñez. Enseñemos a nuestros hijos a hacer todo a su tiempo, para que disfruten y gocen cada etapa de su vida como corresponde. Los años más felices de un ser humano son de uno a cuatro años, sin embargo queremos apresurar su proceso de crecimiento, aunque no necesariamente de madurez. Ahora lo inscribimos en un maternal para que empiecen a “aprender”, a saber los colores, los números, las letras, sin tomar en cuenta que a partir de ese momento es lo que hará toda su vida: cumplir horarios, hacer tareas, realizar trabajos, someterse a un orden, a una rutina. Por lo menos dejemos que disfruten su infancia, sus juguetes, su libertad de descubrirse a sí mismo y al medio que le rodea, sin complicarle la vida a tan temprana edad, en estrés y ansiedad.

Si los cristianos no fuesen engendrados por Dios, y se pudieran fabricar, la edad ideal para hacerlo serían los primeros años de vida, porque es la edad mejor para instruirles, para enseñarle el temor a Dios, pues es la edad donde se forma el carácter. Pitágoras dijo: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Sin embargo, ese tiempo que Dios nos da como padres para disfrutar de nuestros hijos e instruirlos en la verdad, en los principios, a muchos nos resultan latosos, y preferimos darle esa responsabilidad a cualquiera. Sacrificamos el tiempo con nuestros hijos, en el tiempo en que más nos necesitan, para trabajar horas extras y realizar nuestros sueños de la casa, y otras posesiones materiales, cuando el verdadero tesoro es el fruto de nuestro vientre (Deuteronomio 28:4).

Entiende que Dios, pudiendo hacer o crear las cosas en un instante, se tomó su tiempo. Él hizo la creación en seis días y en el séptimo descansó, para enseñarte, que todo tiene su tiempo, que la semana tiene siete días, pero en ella incluye un reposo semanal.

 Nuestro Señor cuando vino a este mundo, vivió así, todo a su tiempo. Él comenzó su ministerio a los treinta, porque estaba establecido que el sacerdocio empezaba a los treinta. En su niñez estuvo sometido a sus padres, y era el ayudante de carpintería de José. A la fiesta llegó no por presión de sus hermanos sino que dijo: “Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. (…) Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido” (Juan 7:4,8). Incluso, al momento de morir, cuando ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: “Tengo sed” (Juan 19:28), y Él era el Hijo de Dios, y con su vida nos enseño que las cosas se hacen a tiempo. Dios siempre llega a tiempo.

¿Qué ocurre cuando las cosas no se hacen a tiempo? Llenamos nuestra vida de frustraciones y lamentación. Nos envejecemos lamentando que el día de ayer por lo que pudo haber sido y no fue; y gastamos nuestro dinero en psiquiatra, cardiólogos y cirujanos plasticos, porque las preocupaciones se llevan nuestros años antes de tiempo. Mas, la Palabra de Dios nos dice: no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”(Mateo 6:34); “Estad siempre gozosos (…) Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16,18). Dios todo lo hizo por causa nuestra, para que lo disfrutemos. Aprendamos a vivir la vida abundante de Dios, donde todo se hace a su tiempo, por eso todo lo hace hermoso y perfecto.

Tomado del mensaje titulado “Todo es Hermosos a su tiempo” predicado a nuestra congregación por el pastor Juan Radhamés Fernández

CategoryArtículos
  1. 24 February, 2018

    Gracias, muy clara y sencilla la explicación me edificó mucho. el Señor los siga bendiciendo en su ministerio

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