Desde que llega octubre, y los árboles a sus agostadas hojas le comienzan a decir adiós, pareciera como si los hilos de una gigantesca tela de araña se adueñaran del paisaje, y un desfile de tenebrosas brujas, velas y tétricas osamentas se apoderaran de todo el lugar. Las ofertas de los comercios no se dejan esperar, amenazando con darle un susto de precios a todos aquellos consumidores que, entre dulces y golosinas, llenan sus casas para esperar a los fantasmitas que el 31 de octubre tocan a la puerta y gritan a coro: ¡trick or treat!

 

Todos sabemos el origen de esta celebración pagana, vinculada al antiguo festival celta conocido como Samhain (significa “fin del verano”) que se celebraba en Irlanda al finalizar la temporada de cosechas. En dicha fiesta se celebraban ritos para comunicarse con los muertos. Tal como se celebra hoy en día en su esencia, aunque le han añadido los disfraces, decoración de las casas, y los dulces para que se vea como una noche de celebración inocente y divertida, lo que para otros es de sacrificios humanos, ritos satánicos y de iniciación. Y en medio de ese diabólico ambiente me ha sido penoso encontrar, quienes se dicen creer en Dios, participando en esta tenebrosa fiesta de “disfraces”, con la excusa de lo cultural o tradicional. Realmente, no es asunto de mi incumbencia lo que algunos usan como práctica de fe, pero si recuerdo ver a mi Maestro tomar el látigo, cuando por tradiciones de los hombres se dejan los mandamientos de Dios (Marcos 7:9; Mateo 21:12; Juan 2:15).

 

Comentándole esto en una ocasión a alguien conocido, creyente de muchos años, éste me dijo: «Sabes? Yo participo para que mis hijos no se sientan excluidos de la sociedad. Además, se nos ha dicho que es una buena manera de identificarnos con el vecino y tener puertas abiertas en ocasión de predicar el Evangelio por el lugar». Mas, yo veo que Jesús siempre fue radical en establecer el propósito que lo hizo venir a este mundo: que Dios sea el Señor y Rey de todo en todo (1 Corintios 15:24-28). Y cuando al predicar la Palabra algunos se ofendían y se volvían atrás, y los discípulos le recriminaban, Él les decía: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67). Y llegó aún más lejos, frente a aquel que según los hombres tenía la potestad de crucificarle o salvarle, no calló, sino que se incriminó diciéndole a Pilato: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad (Juan 18:37). Por tanto, si nosotros nos llamamos cristianos, porque le seguimos a Él, ¿qué testimonio estamos dando siguiendo la corriente de este mundo?

 

Jesús dijo: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Sólo Dios salva. Nosotros no tenemos que torcer la verdad ni usar palabras lisonjeras para ser aceptados por los pecadores, pues ningún hombre salva a otro, esa es la obra del Espíritu Santo. Esto no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que es el que tiene misericordia. El que dice que conoce a Dios, y no guarda sus mandamientos, está mintiendo y la verdad no está en él. Así que no escribo esto como si ignoraran la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad les exhorto a que no sigan la corriente de este mundo, porque estamos en mundo, pero no pertenecemos a él. No sigan tradiciones de los hombres que llevan más y más a la impiedad, apartándose de la verdad (Juan 2:4;1 Juan 2:21; Tito 1:14).

 

Esta es la razón por la que me levanto en este foro cibernético para dejar entre ustedes esta pregunta: ¿No es Halloween una dulce apostasía, pues están disfrazando la verdad con la inocente golosinas para niños y disfraces de princesitas y súper héroes? ¿No estamos invalidando el mandamiento de ser Dios el único que debe ser alabado y ponderado, celebrando la fiesta de brujas? ¿Cómo podemos celebrar la muerte si adoramos al Dios de la vida?  ¿Si Jesús estuviera en medio nuestro, crees tú que Él lo celebraría…? Mas, yo les diré a aquellos, parafraseando, como dijo Josué: Y si tanto toman en cuenta el ser aceptados por el mundo, escojan hoy a quien ha de servir; si podrán poncheras de dulces en las puertas para -de manera indirecta- no cerrar las puertas a esa dedicación, o vestirán a sus hijos con “inocentes” disfraces -para no identificarse mucho con los demonios- y así no estar fuera de la festividad; pues déjenme decirles que de mi parte, aunque parezca radical: “yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

 

Pongamos la mira en las cosas de Dios, y no en las de los hombres(Mateo 16:23). Roguemos a Dios, con clamor y súplica en el espíritu, porque es necesario que todos andemos en esta vida como es digno de Él. La luz no tiene comunión con las tinieblas. Y sabemos que somos hijos de luz e hijos del día y no de la noche ni de las tinieblas (Tesalonicenses 5:5). Está bien que antes, en otro tiempo, participáramos de cosas que no creíamos tenía una mayor trascendencia. Yo misma, he de confesar, que en mi primer año residiendo en Estados Unidos, compré disfraces “ingenuos” para mis hijos, de superhéroes y sirenitas, e invertí dinero en ricos dulces, para no quedarme atrás en la fiesta. Pero luego que Dios se me reveló, que me llamó a una vida nueva en Jesucristo, se ha hecho vida en mí, Su Palabra: “… amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas; Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás” (Marcos 12:30; Lucas 4:8). Sepan ciertísimamente que esta celebración o “fiesta de brujas” está en abierta contradicción con estos versículos.

 

Nuestro Señor Jesucristo debe ser el único motivo de nuestra alabanza, porque es el único que debe ser exaltado, ponderado, celebrado, pues sólo Él es Dios. Él es el único digno. Yo ruego a nuestro Padre celestial que abra los ojos del entendimiento a nuestros hermanos, porque lo que pedimos no es que se conviertan a ninguna religión, ni que acepten ninguna filosofía, ni mucho menos que obren de cierta manera, sólo que entiendan que Su nombre ha sido invocado en nuestras vidas y que hemos de andar como conviene a santos (Efesios 5:3). Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en sus vidas. Amén

 

Colaboración: Marítza Mateo

  1. 2 noviembre, 2018

    Excelente mensaje, Dios continúe bendiciendo a su ministerio, bendiciones a todos los Santos, a vuestro pastor Fernández, que Dios los bendiga grandemente.

  2. 31 octubre, 2018

    Gracias a Dios por este hermoso ministerio!

  3. 31 octubre, 2018

    Amèn, el Señor es el ùnico digno de sea alabado y adorado, aleluyaaa, gloria a Dios!!!
    Gracias sean dadas a Dios con Jesucristo !!!

  4. 31 octubre, 2018

    Bendito sea mi Dios que abrio mis ojos ,para solo adorarle a EL el dador de la vida.Te amo mi Señor.
    Rogemos a Dios que ninguno de sus santos sigan celebrando esta terrible fiesta.Sabiendo que todos los dias son del Señor,ninguno le pertenece al enemigo.

  5. 31 octubre, 2018

    Muy claro y preciso el artículo! Bendiciones

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