Mensaje Profético 2022:
Año de la unidad, decisión y definición

¡Qué honra tan inmensa y cuán indecible bendición el poder estar en la casa de Dios un día como éste, en el último culto del año, en el último día de este año! Por la gracia de Dios hemos visto el final de este año donde muchos comenzaron y no lo terminaron, porque Dios se los llevó, pero si nos deja vivos, no es porque somos mejores que ellos, sino porque nuestra obra y propósito no han terminado.

Cada año, antes de comenzar el mensaje profético, me es necesario hacer la siguiente aclaración, pensando en aquellos que no han escuchado los mensajes anteriores. En el año dos mil, el Señor nos dijo que los años de este milenio iban a ser años proféticos, y hemos visto desde entonces como el Señor ha usado la numerología bíblica para revelarnos el aspecto profético cada año. Aclaro que la profecía que ministramos todos los años no es doctrinal, ni tampoco dogmática ni escatológica, ni se aplican a todo el mundo, sino que son una manera de Dios orientar a su pueblo, y destacar lo que para él es lo más importante durante el año. La Biblia es la Palabra de Dios, y es letra y es Espíritu, es logo y es rhema, y en ella hay tantos mensajes que están ocultos en cada letra de la Escritura, por eso constituye una fuente inagotable para los predicadores y para los hijos de Dios que se sumergen y buscan la revelación de Dios. No nos proponemos decirlo todo, sino lo que Dios quiere decirnos.

Dios cada año elige una palabra para orientarnos, y destacar aquello que él va a hacer o quiere hacer. Como ya hemos aclarado, esta palabra no se aplica a todo el mundo, porque no es una regla universal, sino una palabra que se aplica a aquellos que la creen. Los que están ajenos a esta palabra, no la han escuchado, no la creen, pues no llega a ellos, pero si tú la crees se hará vida en ti. Es como lo que ocurre en la predicación, los predicadores tomamos una porción bíblica y por lo que dice el Espíritu, aplicamos esa palabra, y en cada día de culto recibimos una palabra que es sustraída de la Biblia, así sucede en este caso. Usando el significado de los números y su connotación espiritual, cuántas cosas maravillosas hemos podido descifrar y ver luego su cumplimiento. Hecho así, procedemos con este mensaje.

 

EL 2022 EN LA NUMEROLOGÍA BÍBLICA

El número correspondiente al año que inicia, 2022, es un número muy peculiar e interesante. Hay muchos dígitos que al sumarlos totalizan 22, pero por el Espíritu he escogido tres combinaciones (a las que he llamado fórmulas) para sustraer la enseñanza profética que Dios tiene para nosotros correspondiente a este año que inicia, 2022.

  • Primera fórmula: 10+12

Si tomamos la primera fórmula o combinación, la suma del diez y el doce, veremos que el número 10 es uno de los números perfectos, porque su significado nos habla de la perfección del orden divino. Por ejemplo: Noé completó la era antediluviana en la décima generación, porque pasaron diez generaciones desde Adán hasta Noé hasta que Dios decidió destruir al mundo por medio del diluvio, lo que nos habla de la totalidad de los juicios de Dios sobre aquella generación (Génesis 5:1-29; 6:17-18). Asimismo, los diez mandamientos nos hablan de una demanda absoluta o completa del deber moral del hombre para con Dios y para con su prójimo (Éxodo 20:1-17). Otro ejemplo es el diezmo, el cual representa la totalidad de la demanda de Dios sobre todo lo suyo puesto bajo la administración del hombre. La palabra diez nos habla de la totalidad de lo que Dios requiere, la parte que él le provee al hombre en su administración (Levítico 27:30). Las diez plagas en Egipto eran representativas del ciclo completo de los juicios de Dios por aquel imperio de los egipcios, por eso Jehová las llama: “todas mis plagas” (Éxodo 9:14), por eso es 10 el número de la totalidad. Las diez rebeliones de Israel en el desierto, según Números 14: 22 marcan la serie completa de las perversiones de Israel. Labán cambió el salario de Jacob diez veces en veinte años (Génesis 31: 7), y diez representa en este contexto la totalidad del engaño o de la deshonestidad, completo engaño, total deshonestidad.

Otro ejemplo del 10 es el poder mundial del anticristo que comprenden los diez reinos simbolizados en los pies de la imagen del sueño de Nabucodonosor, según Daniel 2:41; y por los diez cuernos de la cuarta bestia, según Daniel 7: 20, 24 y Apocalipsis 12: 3, 13:1, 17: 3,7 y 12. Así que en la Biblia es muy claro y enfático el significado del diez que representa el orden divino, la perfección del orden divino, de lo que está completo, de lo que tiene totalidad. Daniel dijo al eunuco Melsar en Babilonia, cuando quería obligarlo a comer las comidas inmundas de la corte: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber” (Daniel 1:12). El número diez habla de una prueba absoluta. Así que como hemos visto, el número diez nos habla del orden divino, de lo que está completo, de lo total, aquello donde no falta nada.

Por otra parte, el doce es uno de los números, según la numerología bíblica, llamados perfectos. El 12 significa perfección de gobierno o perfección gubernamental. Por ejemplo: las doce tribus de Israel (Génesis 49); los ciento cuarenta y cuatro mil (12×12) los que fueron redimidos de la tierra y están con el Cordero (Apocalipsis 14:1-3); doce fueron los jueces libertadores en Israel, desde el primero que fue Otoniel (Jueces 3:9) hasta el último que se menciona que fue Sansón (Jueces 13:24). Obviamente, el último fue Samuel, pero en la narrativa de Jueces solo entran estos diez, Samuel entra ya en 1 Samuel. Otro ejemplo es Salomón que tuvo doce gobernadores sobre todo Israel, obligados cada uno a abastecer su reino y su casa por un mes en el año desde sus doce provincias (1 Reyes 4:7). Jesús eligió doce discípulos (Mateo 10:1; Juan 6:70), así como Israel estaba constituido por doce tribus, los que posteriormente serían los doce apóstoles que gobernarían sobre las doce tribus de Israel (Apocalipsis 21:14). Jesús le dijo también a Pedro en el huerto cuando quiso sacar la espada: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:52-53). Ahí vemos como Jesús está hablando del gobierno de los ángeles.

También lo vemos en lo natural, y en ciertas unidades de medida, por ejemplo: la circunferencia se gradúa usualmente en 360º (12×30); un pie tiene 12 pulgadas; el año está dividido en doce meses; el día tiene 24 horas (12×2); cada hora se divide en 60 minutos (12×5); y cada minuto en 60 segundos (12×5). Hay muchas pruebas tanto bíblicas como en la naturaleza de que el número doce representa gobierno. Jesús dijo: “¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él” (Juan 11:9-10). Los hebreos dividían el día de esa manera, de seis de la mañana a seis de la tarde; a la parte clara llamaban doce horas, y a la noche doce horas también (de seis de la tarde a seis de la mañana); así que tanto el año como el día estaban dividido de esa manera. Es lo que dice la Biblia que Dios hizo las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche (Génesis 1:16), lo cual nos habla de gobierno, de señorearse, de hacerse dueño y señor de una cosa, dominarla. Así que el veintidós es la suma de dos números llamados en la Biblia perfectos; el diez que habla de totalidad, de lo completo, del orden divino, y el doce que nos habla de gobierno. Al final veremos su a aplicación.

  • Segunda fórmula: 11+11

Veamos ahora el significado del número veintidós en esta segunda combinación, como el doble de once (11+11). La duplicación de este dígito en el veintidós tiene la significación de aquel número, el 11, de manera intensiva. El once representa desorganización, desintegración, especialmente con relación a la Palabra de Dios, y su duplicidad le da más intensidad al significado del veintidós. Cuando decimos “desintegración”, pensemos en el ejemplo de José, el hijo undécimo de Israel. José fue un hijo muy amado por Jacob, su padre (Génesis 37:3), porque le había nacido en su vejez, pero fue vendido por sus hermanos, por envidia, a unos mercaderes madianitas que lo llevaron a Egipto (Génesis 37:28). El nombre José significa “Dios añade”, pues su madre era estéril, y cuando Jehová le permitió concebir le llamó su nombre José, diciendo: “Añádame Jehová otro hijo” (Génesis 30:24), y más adelante tuvo a Benjamín en cuyo parto falleció (Génesis 35:16-19). Así que José es alguien que puede muy bien hablarnos del significado del número once.

En el número once encontramos la suma del diez, que nos habla de la perfección del orden divino pero que al añadirle el uno se convierte en once y subvierte ese orden. Así que el once deshace el orden divino del diez y tampoco expresa la perfección del orden divino que el doce denota. Por lo cual, si consideramos el once como diez más uno o como doce menos uno, expresa desorden, desorganización, imperfección y desintegración. Nota que cuando los hijos de Israel llegan a Egipto a comprar alimentos, no reconocen ni se percatan que es su hermano José, y cuando éste los interroga y acusa de espías, ellos le responden: “Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece” (Génesis 42:13). Es decir, la desaparición de José representa la desintegración y desorganización de los doce hermanos, por lo que cuando él aparece entonces se completa el número, siendo José un instrumento para unir y unificar. Otro ejemplo de once lo vemos entre los doce discípulos de Jesucristo (Juan 6:71). Cuando Judas vendió al Señor, fue cortado y quedaron once discípulos, luego Pedro echa suerte en Hechos 1 y entonces eligen a Matías. Así que Judas, al igual que José, descompleta o desorganiza el gobierno de los doce.

Si tomamos el significado del once con relación al veintidós veremos que en él se expresa esa misma desorganización e imperfección, pero ahora de una doble manera. Vemos que, en las historias bíblicas, el veintidós está relacionado con los peores reyes, y jueces de Israel. Consideremos primeramente a Jair galaadita quien gobernó en Israel por veintidós años (Jueces 10:3). Él tuvo treinta hijos, quienes se apoderaron de treinta ciudades en Israel, lo que revela el espíritu que había en ellos, de enriquecimiento y nepotismo, pues reinaban para lo suyo. A esas ciudades las llamaron “las ciudades de Jair”, pues al igual que Caín y Lamec (Génesis 4:23-24), sus vidas eran un culto al ego. La Biblia no habla mucho de este juez, pero lo que dice es suficiente para entender que su vida era un desorden. En un tiempo en el que todo el mundo hacía lo que bien le parecía (Jueces 17:6), por lo que no es difícil imaginar las cosas más insólitas e indignas de Dios que ellos pudieron hacer.

Otro rey fue Amón, el hijo de Manasés, quien comenzó a reinar a los veintidós años (2 Reyes 21:19). Éste reinó solo dos años en Jerusalén, pero su reinado fue una absoluta apostasía, o sea, desintegración, desorden e imperfección, justamente lo que significa el once. También en 2 Reyes 8:25-27, leemos sobre Ocozías, hijo de Atalía, de la casa de Acab (porque Omri era el padre de Acab, así que él procede de una mezcla que hizo Judá casándose con la casa de Acab), quien empezó a reinar a los 22 años, pero solo pudo gobernar uno, y todo su reinado fue un desorden, desintegración y desorganización, todo lo contrario, a lo que es de Dios.

Y hablando de Acab, veamos el relato bíblico de su reinado: “Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel. En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun” (1 Reyes 16:29-34). Como vemos, Acab reinó por 22 años, y su reino se caracterizó por su desorganización, desintegración, desorden e imperfección. Una de la característica más destacada de su reinado fue que se casó con Jezabel quien representa la manifestación y usurpación del gobierno, la idolatría y la inmoralidad. Ella introdujo y sustentó el culto a Baal en Israel, tenía hasta profetas asalariados, le hizo la guerra al culto a Jehová, a parte que manipulaba a Acab.

En ese mismo tiempo de rebelión, apostasía, desorden y desintegración en los veintidós años de Acab, Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. Dice la Palabra que “A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun” (1 Reyes 16:34). Este hombre desdeñó la palabra de la maldición de Josué, y lo hizo sacrificando a sus dos hijos, para reedificar a Jericó, desafiando la Palabra de Jehová. Eso es un dato que nos ayuda a tener una idea de lo que pasó en esos veintidós años del gobierno, anarquía y rebelión contra Dios del pueblo de Israel.

Lo que pasó con Elías en el Carmelo, cuando Dios hizo descender fuego del cielo, por la oración del profeta, revela en realidad la forma de Dios contrarrestar ese gobierno idólatra, que casi le cuesta la vida al profeta Elías. La manera en cómo Jezabel manipuló todo para apropiarse de la viña de Nabot, y cómo lo mataron, simplemente para cumplir el capricho de su esposo Acab, un rey desleal y cruel, que no le importó destruir la vida de un hombre justo aferrado a la palabra de Dios, quien llegó a ser una persona simbólica en cuanto a valorar y a apreciar lo que Dios le dio (1 Reyes 21). El hecho de que Dios mandó dos profetas del calibre de Elías y Eliseo en ese tiempo muestra en realidad como fueron esos veintidós años del gobierno de Acab.

Ahora entremos a la figura más importante, que dejé de último porque en la Biblia es una figura emblemática, veamos el caso de Jeroboam, cuyo reinado duró 22 años (1 Reyes 14:19-20). De los doscientos años de Israel (del reino del norte, de las diez tribus, llamadas Efraín) no hubo un solo rey que sirviera a Jehová con corazón recto. Cuando Salomón se hace indigno de Dios y peca, dice la narrativa bíblica que Jehová le levanta un sin número de enemigos y entre ellos Jeroboam (1 Reyes 11:14,23). Jah decidió dividir el reino, y por amor a David dejar dos tribus a la casa de David, la tribu de Judá y la de Benjamín, y dio diez tribus a este hombre a Jeroboam. Leamos ese momento:

“Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo. Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus; y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel; por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre. Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos. Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus. Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre. Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel. Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel. Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre. Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón” (1 Reyes 11:29-40)

Nota que la acción de romper en doce pedazos aquel manto, fue un acto profético que señalando que Dios estaba rompiendo el reino de Israel en dos, como castigo a la casa de David por los pecados de Salomón (1 Reyes 11:11). Jeroboam reinó por 22 años, dos veces once, lo que nos habla de desorden y desintegración. Este es aquel hombre que hizo dos becerros de oro, y puso uno en Dan, en la parte norte, y otro en Bet-el, en la parte sur, por temor a que la casa de Israel se volviera a la casa de David, cuando fuera a adorar a Jehová a Jerusalén (1 Reyes 12:26-28). Desde entonces, estos becerros prostituyeron a Israel, pues las doce tribus dejaron de adorar a Dios, para adorar a dos becerros, y dejaron de adorar en Jerusalén para adorar en los altares que Jeroboam les había edificado. Leamos ahora un poco acerca de su apostasía para que entendamos un poco.

“Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel. Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso” (1 Reyes 12:25-33).

Roboam era el hijo de Salomón que había quedado en el sur. Nota cómo Jeroboam cambió la fecha de la pascua, la fecha del año séptimo o sea de los tabernáculos y demás. Todos esos reyes que gobernaron (Jair, Ocosías, Amón), en este caso Acab y Jeroboam, comenzaron a reinar a los veintidós años o reinaron por veintidós años, y no hubo uno solo que fuese bueno. Después de eso, la Biblia no menciona el veintidós para referirse a nadie más, sino para describir reyes que gobernaron fuera de la voluntad del Señor, en desintegraron y desorganizaron, porque la rebelión es eso, quitar el orden de Dios para establecer su propio orden.

En la Biblia, en los doscientos años del reino que comenzó con Jeroboam, él es un referente. Por ejemplo, la expresión “e hizo lo malo ante los ojos de Jehová” empieza con Salomón en 1 Reyes 11:6, y se repite desde entonces en casi todos los reyes que sucedieron en los dos reinos, en la mayoría de los reyes del norte, y gran parte de los reyes del sur. Así mismo, también se repite: “… en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel” (1 Reyes 22:52), sobre sí y sobre los reyes que le precedieron: “E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel” (2 Reyes 15:24). Jeroboam es un referente de alguien que se rebeló contra Dios y rompió el orden. Por ejemplo, él fue elegido por Dios para castigar la apostasía y la rebelión de Salomón, y con él se divide el reino de Israel, que significa división y desintegración. Y así mismo fue su gobierno de desorganización y desintegración espiritual. Él cambió el culto a Dios, el lugar de adoración y la adoración. Algo tan importante para Dios. Jehová había dicho por medio de Moisés: Dios dijo a través de Moisés: “Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Deuteronomio 12:13). El pueblo de Israel tuvo que esperar que se les señara el lugar dónde ellos le debían adorar, hasta que Dios estableció el lugar del templo, el lugar de adoración, Jerusalén. Mas, este hombre cambió no solo el lugar, los tiempos, el sacerdocio y las fechas de adoración, sino el objeto de la verdadera adoración (Deuteronomio 10:21). Jeroboam cambió cuatro cosas sagradas y establecidas como mandamientos de Dios: a quién debían adorar, dónde tenían que adorar, cuándo debían adorar, cómo debían adorar y quiénes deben dirigir la adoración. Todo esto se llama desorganización, desintegración. En otras palabras, se perdió el orden y el gobierno, y es lo que la Biblia revela acerca del veintidós.

¿No es curioso que siendo el veintidós la suma de once más once, que todo lo que diga del veintidós es lo que significa el once? Eso es lo interesante de la numerología bíblica, hay muchas verdades en los números y de ahí sustraemos las aplicaciones espirituales en el contexto de este año que inicia. Creo que hasta aquí hemos visto lo que significa el once, diez más uno rompe el orden divino, y al ser también doce menos uno, rompe el gobierno, porque el doce lo representa. Por tanto, estamos listo para considerar la última formula.

  • Tercera fórmula: 20+2

Concentrémonos ahora en esta parte que considero sumamente importante, y que anhelaba llegar a ella para compartirla con ustedes. En mi meditación de varios días, estudiando sobre el tema, el Señor me hizo ver que de las tres fórmulas o significados de estas combinaciones del número 22, la más importante y la que en realidad revela lo que Dios quiere decirnos para este año es la suma de veinte más dos. Ya vimos que el 20 es el producto de diez por dos, y que el veinte hace más intensivo el significado del diez, o sea, el orden divino de manera intensa. El 10 representa la totalidad y el orden de Dios, de lo que está completo, que no le falta nada, y que, al ser doble en el 20, su significado adquiera más intensidad.

El significado del veinte en la Biblia es expectativa y liberación. En el año dos mil veinte, cuando buscamos el significado fuera de lo que enseñan los expertos en numerología, fuimos a lo que la Biblia dice del veinte y con qué lo relaciona, y esto fue lo que encontramos: veinte años esperó Jacob para conseguir la posesión de sus mujeres y propiedades en la casa de Labán (Génesis 31:28–41); veinte años esperó Israel por un libertador que pusiera fin a la opresión de Jabín (Jueces 4:3); veinte años esperó Israel por la liberación por medio de Sansón (Jueces 16:30); veinte años esperó el arca del pacto en Quiriat-Jearim (1 Samuel 7:2), antes de ser conducida al templo en la ciudad de David, después de pasar por varias estancias; veinte años esperó Salomón para la finalización de las dos casas, la casa del Señor y la casa del rey (1 Reyes 9:10; 2 Crónicas 8:1); veinte años esperó Jerusalén por su conquista y su destrucción de acuerdo a los veinte años que profetizó Jeremías acerca de ese acontecimiento (Jeremías 20:1-5; 2 Reyes 25:8-10); y en el año veinte, Nehemías fue enviado a Jerusalén por Artajerjes a construir el muro (Nehemías 1, 2). También el veinte es número de expectación y liberación.

Ahora veamos al número dos, después que consideremos el número uno que es parte del dos. El uno en su significado excluye toda diferencia, y denota que es soberano. En otras palabras, el uno no se puede dividir, es algo único, solo, sin otro igual de su especie, por eso no se diferencia a nada, porque es uno, único. El mensaje: “Oye Israel, el Señor tu Dios, el Señor uno es” nos muestra que Dios es incomparable, Soberano, único. El uno nos habla de unidad, del latín unus, que significa uno, algo que es lo mismo, una sola y misma cosa, ese es Dios. Uno más uno es dos, pero aquí el dos establece diferencia, ya que se pude comparar el primero con el segundo, este con aquel, por eso nos habla de diferencia, por lo tanto, ya no hay uno, sino dos. Mientras que uno afirma que no hay otro, el dos afirma que sí lo hay, y si hay otro hay diferencia. Esta diferencia puede ser para bien o para mal. Una cosa puede diferir del mal y ser buena, o puede diferir del bien y ser mala, por ello el número dos asume un diferente color en base al contexto que estudiamos. El dos es el primer número que se puede dividir, compara dos cosas y muestra la diferencia que hay entre las dos.

Por ejemplo, cuando al principio, como dice Génesis 1:2, la tierra estaba desordenada y vacía, su condición era de caos, ruina y tinieblas, es lo primero que dice. Lo segundo que se registra con relación a la creación es la introducción de una cosa: la luz. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (v. 3). Lo primero ruina, caos; lo segundo Dios ordena y declara la luz. Ahí se pueden comparar las dos cosas, primero oscuridad y luego luz, y de inmediato hubo una diferencia y división, pues “… vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas” (v. 4). Desde el principio en el mismo Génesis se ve que el número dos nos habla de una diferencia, en este caso entre dos cosas, pero también veremos que representa diferencia entre dos personas, enemistad entre dos cosas. Nota que Dios separa: separó la luz de las tinieblas, y quitó el caos y puso el orden. Así que el segundo día de la creación hubo división (Génesis 1:8). Aquí tenemos separación y división relacionado con el segundo día. Quiere decir entonces que ya comenzando el dos nos habla de diferencia entre dos cosas y también habla de división entre esas dos cosas.

Sigamos con los ejemplos de las diferencias y divisiones del número dos. En 1 Corintios 15, el apóstol Pablo nos habla de dos hombres: el primer Adán y del segundo Adán. El primer Adán “alma viviente”, y el segundo Adán “espíritu vivificante” (v. 45). Ahí están los dos con su diferencia, mientras uno era alma, el otro era espíritu. Por tanto, el dos nos solo nos muestra una diferencia que contrasta dos cosas, sino que las mismas llegan a oponerse la una a la otra. A veces es enemistad, otras es carácter o naturaleza como en este caso. El primer hombre es animal, el segundo es espiritual, los está contrastando (1 Corintios 15:45-50).

Pensemos en Caín y Abel, los dos primeros hijos de Adán (Génesis 4:1-2). Ellos representan y describen dos caminos: el camino de Dios, según Hechos 18:26, y el camino de Caín, según Judas 11. El primero es el de la fe, el segundo el de las obras; el primero es de la gracia, el segundo método es humano; el primero es vida el otro es muerte. Como vemos, hay diferencia entre los dos caminos, que a la vez representa a dos adoradores con dos espíritus diferentes. Asimismo, lo vemos en Génesis 3:15, la sentencia de Dios a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. La iglesia siempre ha interpretado este pasaje como referencia a Cristo, como sucedió (1 Corintios 15:54), pero ahí se muestran primeramente esas dos simientes, en las cuales comienza la enemistad, así como se manifestó en el altar la enemistad entre aquellos dos adoradores, Caín y Abel (Génesis 4:3-5). Uno muere por causa de su ofrenda y el otro es echado de la presencia de Dios siendo un homicida.

Otro caso es el de Abraham y Lot. Ellos dos estaban emparentados como tío y sobrino (Génesis 11:27). Los dos salieron juntos de Ur de los caldeos a Aram en Mesopotamia (Génesis 11), luego fueron juntos de Aram a Canaán (Génesis 12: 4); e igualmente salieron juntos de Egipto (Génesis 13:1). Mas, se manifestó la diferencia entre los dos, al llegar a la tierra prometida. La Biblia registra que hubo contienda entre los pastores de Abram y los pastores de Lot, y Abram tuvo que decirle: “No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda” (Génesis 13:8-9). Lot —el segundo de este par— levantó sus ojos y escogió su propia porción, poniendo sus ojos hacia el valle del Jordán rumbo a Sodoma, porque vio Lot que era fértil, como el huerto del Señor (vv. 9-10, 12). Abram, por su parte, le fue escogida por Dios su porción (v. 14). Así quedaron apartados estos dos (Génesis 13:11).

Otro ejemplo, Isaac e Ismael los hijos de Abraham. Isaac nacido según el espíritu, Ismael nació según la carne (Gálatas 4:29–30), sin embargo, el apóstol Pablo dijo que ni por ser descendencia de Abraham son todos hijos (Romanos 9:7). En el caso de Jacob y Esaú, la relación es aún más estrecha, no solo eran hijos del mismo padre (o sea Isaac) y de la misma madre, Rebeca, sino que eran mellizos. Mas, la diferencia espiritual era aún mayor, pues su enemistad se manifestó desde antes de nacer, en el vientre de su madre (Génesis 25:22). Los niños no habían nacido aun pero ya había sido dicho: “… ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí” (Mal. 1:2-3). La Biblia dice que Esaú era fornicario y profano y menospreció su primogenitura (Hebreos 12:16; Génesis 25:34). Jacob, en cambio, amó la primogenitura y aún engañó por ella, y pecó por obtenerla (Génesis 27:1-36). Ellos, dijo el Señor, representan dos naciones, dos pueblos, pero también vemos que entre los dos hubo enemistad de tal manera que Esaú juro matar a su hermano (v. 41), y desde entonces se formaron dos caminos.

Otro ejemplo del número dos son las dos vasijas del alfarero que habla Jeremías 18:1-4. La primera vasija se le echó a perder, la segunda, la “otra vasija” fue hecha tal como le pareció al alfarero hacerla. En contexto se refiere a la ruina de Israel por sus pecados, pero que sería restaurado; quebrantado, pero volvería a ser injertado, auto destruido, pero encontraría la ayuda divina. Dos vasijas, una que se quiebra en las manos del alfarero y otra que es hecha nueva. Podemos ver también los dos pactos; el primer pacto dañado, envejecido y quitado (Hebreos 8:7-8, 13; 10: 9). El segundo pacto mejor que el primero, un nuevo pacto con mejores promesas y establecido eternamente (Hebreos 8: 6- 8; 10:9, 16-17). Los dos hombres que entraron al templo a orar, el publicano y el fariseo. Uno salió justificado y otro no, el primero se humilló, el segundo se justificó a sí mismo (Lucas 18:10-14). El dos nos habla de diferencia. En resumen, el dos nos habla de diferencia y división, separación, enemistad. En esas diferencias que hay entre los dos vemos realmente separación, enemistad y pleito. Esto es lo que dicen los expertos en los números bíblicos. Ahora, quiero compartirte lo que el Señor me mostró a mí acerca del significado del número dos.

El otro significado del dos es unidad, es cuando el uno y el otro piensan y sienten de la misma manera. En otras palabras, todos los contrastes que hemos hecho entre la luz y las tinieblas, el caos y el orden, Caín y Abel, Abraham y Lot, Isaac e Ismael, Jacob y Esaú etc., etc., vimos como el dos, generalmente, trae división, separación y enemistad. Mas, el Señor me revela la otra parte, que el dos significa unidad, por las Escrituras. Pero ¿cuándo significa unidad? Cuando el uno y el otro, o sea el primero y el segundo que se están comparando, piensan y sienten de la misma manera, cuando no son diferentes sino iguales o semejantes, entonces en lugar de enemistad hay amistad, en lugar de separación hay unidad. Veamos algunos ejemplos.

En el caso del matrimonio, Dios lo instauró de manera que dos sean uno (Mateo 19:4-6). Si los dos son iguales nunca se van a separar, el divorcio es cuando no son iguales, pues nadie se divorcia por ser iguales o ser semejantes. La causa común del divorcio es incompatibilidad de caracteres, pero no cuando dos llegan a ser uno; ahí no hay división, no hay enemistad, no hay pleito, no hay rencillas, porque son una sola cosa. ¡Qué hermosa es la Palabra de Dios! Nota que en el Génesis dice que la mujer es sacada del hombre, y Adán al entender esto exclamó: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Gen. 2:23). El hombre y la mujer son distintos en el sentido de que son dos géneros diferentes, pero cuando se unen en matrimonio ya no son más dos, sino iguales, una sola carne, y, por tanto, nadie puede separar lo que Dios juntó. El divorcio viene cuando no se vive de acuerdo con Dios, cuando los dos dejan de ser uno, y al mantener sus diferencias se establece la división, y hay separación, enemistad, pleitos y contiendas.

Otro ejemplo es lo que dijo el Señor Jesús en cuanto a la unidad en la oración: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19-20). Ya no son más dos, sino una unidad que trasciende a lo espiritual, pues hace descender el cielo. En otras palabras, si dos dejan de pensar diferentes, si dos dejan de orar cosas distintas (porque tienen sus propias preferencias y criterios distintos, ideas distintas, prioridades distintas), su petición no prosperará, porque estará debilitada y limitada a un individualismo. Pero si los dos se ponen de acuerdo y comienzan a pensar de la misma manera para ir juntos a Dios, con el mismo corazón, el mismo sentir, la misma petición, la misma necesidad, la misma intensidad en la oración, cualquiera cosa que pidieran les será hecho. Nota “si dos se pusiesen de acuerdo”, la palabra acuerdo es el término griego sumfonéo, de donde viene la palabra sinfonía (sumfonía gr.) que significa ser armonioso o estar en armonía, en concordia. Si dos están cantando tienen que hacerlo en armonía, pues no puede estar uno dando la nota sol y el otro en la luna o en las estrellas, sino estar los dos en armonía, dando la misma nota. La palabra sumfonéo se traduce como: concordar, ponerse de acuerdo, armonizar, convenir, y proviene de la palabra súmfonos que significa “sonando juntos”, dar el mismo tono, el mismo sonido, sonando juntos, mutuo consentimiento. Ya no son más dos, como el publicano y el fariseo de Lucas 18, que tenían actitudes y motivaciones diferentes, sino como dos que son uno, con el mismo corazón, la misma mente, la misma intensidad, la misma necesidad, el mismo gemir delante de Dios. Entran dos, pero la unidad los hace uno.

También podemos ver otro ejemplo de unidad es en Efesios 2:12-18: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:12-18). Pablo está contrastando a judíos con gentiles, dos pueblos. Ese pueblo gentil era diferente a los judíos, porque los gentiles estaban sin promesa, por consiguiente, sin esperanza ni Dios en el mundo. Por cuanto eran distintos había separación. Mas, ahora, como Dios hace de los dos pueblos un solo pueblo, ya no hay separación, ya no están lejos el uno de otro.

Dos pueblos distintos, uno con esperanza otro sin esperanza, uno con Dios el otro sin Dios, uno cerca, el otro lejos, pero ¿qué hizo el Señor? Quitó toda pared de separación entre judíos y gentiles y de los dos hizo un solo pueblo, haciendo la paz. Acuérdense que la diferencia produce separación, por eso las naciones tienen una frontera para decir: «Este es mi zona territorial; somos distintos, somos una nación independiente, somos una nación soberana, este es nuestro territorio y este nuestro espacio aéreo». Las diferencias separan, por eso las naciones entran en pleitos y guerras cuando son violados sus “límites”, que en cierta manera son como una línea imaginaria que delimita el territorio de un estado. Incluso los solares y casas tienen una demarcación, por eso vemos que algunos pelean porque le tomaron un pie al tirar la verja o cerca. Vemos cómo muchos van a los tribunales de tierra a presentar a la Jurisdicción Inmobiliaria sus quejas, cuando ha sido violado su delimitación o demarcación territorial. Pero cuando ya no son más dos, sino uno; cuando dos llegan a ser uno es porque piensan de la misma manera, ya no hay diferencia, ya no hay separación, ya no hay enemistad.

Jesús asió con su mano derecha a los judíos y a los gentiles con la mano izquierda, y en su cuerpo llevó todo lo que los separaba, uniendo en él a todos los creyentes para llevarlos a Dios. En el cuerpo de Cristo tú y yo somos uno, en el cuerpo de Cristo judíos y gentiles que han aceptado a Jesús son un solo pueblo. Por eso dice la Palabra que en la nueva creación “… no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:11). En Cristo no hay ninguna diferencia ni de ciudadanía, ni de señales antiguas, ni estatus migratorio, ni de clases sociales, sino que Cristo es el todo en ese hombre nuevo. En otras palabras, toda diferencia desaparece cuando llega la igualdad de Dios. Si hemos nacido de nuevo, todos compartimos que nacimos del mismo Dios, del mismo espíritu, de la misma palabra, tenemos la misma fe, tenemos la misma esperanza, tenemos el mismo bautismo y tenemos todo lo de Dios compartido, así que toda diferencia queda superada y ya no somos más dos, somos uno en Cristo. Donde hay unidad se destruyen las enemistades, las separaciones, porque cuando los dos tienen la misma mente, el mismo corazón, entonces no hay diferencia y llegan a ser una misma cosa, hay unidad.

El profeta Amós se preguntó: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). O sea, ¿andarán dos juntos si no piensan de la misma manera? Esa pregunta no es retórica, es muy profunda y verdadera. Hay otra versión, de la Reina Valera del 1909, que trata de acercarse aún más al sentir del escritor: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto?” Habla de un concierto, porque donde los músicos de una orquesta están tocando, todos tienen que estar de acuerdo para tocar la misma sinfonía, tienen que estar todos coordinados, en armonía. El proverbista dijo: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:9-12). Dos es mejor que uno porque cuando hace frío y se acurrucan, se juntan tanto que llegan a ser uno (eso es lo que significa uno ayudar al otro), ya no son más dos, son uno. Y la connotación es que esos dos llegan a ser uno porque se ayudan mutuamente, si se cae el otro lo levanta, si uno tiene frío el otro lo arropa, lo cubre, esa es la idea.

El ejemplo más sublime de esa unidad espiritual está en Juan 17:21, donde Jesús está orando al Padre y le dice: “… para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. El Padre y el Hijo son una misma cosa. Recuerdo cuando yo estaba en la universidad que cambiaron la administración y llegó un nuevo presidente, y un nuevo administrador. Estos hombres provenían de países diferentes e hicieron notorias sus diferencias y contradicciones, pues se les veía discutiendo en los pasillos. A veces en el tablón de anuncios ponían cosas que se notaba que estaban refiriéndose el uno al otro. Entonces, hubo una ocasión en que recuerdo que el administrador, para justificar sus conflictos y discrepancias, puso en su boletín un pensamiento que nunca olvidé: “Si dos piensan de la misma manera, uno de los dos está de más”, como diciendo: «Si este que es el presidente quiere que piense como él ¿qué hago yo aquí?» Tiene una lógica desde el punto de vista carnal, pero no es verdad que si dos piensan de la misma manera uno de los dos está sobrando, todo lo contrario, caminan por el mismo camino, se levantan, se cuidan, se arropan, se ayudan, no pelean, no hay enemistad y hacen maravillas juntos.

Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos. Yo y el Padre una sola cosa somos” (Juan 14:11). Y el apóstol Pablo dijo: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Corintios 6:17). En otras palabras, el Señor y yo somos dos, pero entre nosotros no hay diferencia ni enemistad, porque Dios me dio su corazón, Dios me dio su espíritu, Dios me dio su naturaleza, Dios me dio su imagen, Dios me dio su carácter, me hizo como él, soy uno con él, así como tú eres también uno con él. Por eso, es que se nos advierte: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:14-16). Es decir, no te unas con los que son diferentes a ti, únete con los que son iguales a ti. ¿Qué concordia hay entre Cristo y Belial? ¿Qué armonía? No pueden caminar juntos. Cuando tú tienes más armonía con los inconversos que con los creyentes es porque tú no compartes la misma naturaleza que los creyentes, por eso te identificas más con los incrédulos. Pero Dios habita en la unidad.

 

APLICACIÓN PROFÉTICA DEL 2022

De las tres combinaciones que hemos estudiado y que forman el número veintidós: (1) diez más doce; (2) once más once; (3) veinte más dos, recibí en mi espíritu que la tercera fórmula (20+2) se encuentra la esencia del mensaje profético del dos mil veintidós. Los números del veinte al veintinueve constituyen una década (20-29), de manera que el veintidós es parte de esa década. El 2022 es una continuación del 2020 y de los demás años, los cuales representan esa década, me explico: pensemos en el número veintidós, donde el 2 es parte del veinte, como el veintiuno, veintitrés, veinticuatro etc. Cuando el Señor nos dio el mensaje profético del 2020 entre las cosas que nos dijo es que la obra que él comenzó en ese año se extenderá hasta el fin de la década, esto es hasta el 2029. El Espíritu revela que el Señor no ha concluido la obra que comenzó en el 2020 donde nos habló de liberación (Jacob de Labán; Israel para librarse de Jabín; de los filisteos por medio de Sansón; el arca para llegar al lugar donde iba a ser establecida). Dios comenzó una obra de liberación, de restauración que comenzó en el veinte, pero Dios lo extiende a toda la década, la cual incluye el veintiuno y veintidós. Hemos visto a través de la lectura bíblica que el número veinte significa expectativa de liberación o salida de una situación. En todos esos diferentes contextos que hemos estudiado (y en mensajes proféticos de años anteriores), vemos que todos estaban humillados, en aflicción, esperando la liberación del Señor. Mas, bienaventurados los que esperan en Jehová, no serán chasqueados ni avergonzados, ni confundidos. ¿Estás tú esperando en el Señor? No serás avergonzado.

Si el número veinte es doblemente orden divino y doblemente totalidad, y el número dos significa diferencia, división, separación, enemistad, al mismo tiempo que unidad e igualdad, cuando el primero y el segundo son uno (que es lo que hemos estudiado) el significado del número veinte determinará o afectará el significado del dos con relación a la aplicación profética del año 2022. ¿Qué quiero decir? Como el número veinte nos habla de totalidad o de lo completo, y el número dos de diferencia o unidad, entonces el 2022 será de total diferencia o de la total unidad. Esta bipolaridad del año 2022 dependerá de ti y también de mí, porque la parte de Dios está asegurada, de manera que el año 2022 será un año “de decisión y definición”: o eres igual a Dios y a su pueblo, o eres igual al mundo (diferencia-unidad); o eres unido a Dios y a su pueblo y diferente al mundo (definición).

Recuerda que el significado es que el 2022 o somos del grupo que son distintos y que están divididos, o del grupo que son iguales, semejante y que está unidos. Hay que definir en qué grupo estamos; este año es un año de decisión y definición. En otras palabras, tú no puedes ser anfibio, como esos animales que viven bien en el agua y fuera del agua también, no. Tú te tienes que decidir: te tiras al agua y vives en el agua o vives en la tierra y te mantienes en ella, pero no puede estar en los dos lugares a la vez. “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Lucas 11:23), dijo el Señor. Este año somos diferentes o somos iguales; tú tienes que decidir con quiénes eres iguales y con quiénes tú eres diferente. Tienes que decidirlo porque este es un año de decisión, de determinación al cuadrado, a la divina potencia, porque el número veinte hace que sea doble orden, doble totalidad. En otras palabras, Dios quiere llevar a la iglesia a una total unidad, a una total igualdad, a una total relación con él, Dios no quiere a nadie a medias o a la mitad o a tres cuartos, no; es total entrega, total compromiso, total unidad, total santidad, total participación; es ser consecuentes totalmente, no a medias. Entonces, somos diferentes o somos iguales. Tenemos que decidir este año si somos o no somos, no te podrás quedar en el medio, o somos fríos o somos calientes, pero no seremos tibios, que es el estado neutral. Nos hacemos uno con el mundo, o nos hacemos uno con Dios; este es el año que hay que decidirlo.

2022 es el año de total decisión, total determinación, total entrega, total definición. Este año nos constituimos enemigos del mundo o enemigos de Dios; hay que decidirlo, hay una decisión que tienes que tomar: nos constituimos amigos del mundo o enemigos de Dios. Este año tomamos el camino de Dios o el camino del diablo, pero este es un año de total decisión. Dios requiere y demanda de nosotros una total decisión, definición no ambigüedad. Este año nos decidimos por la vida del Espíritu o continuamos el camino de la carne, eso hay que decidirlo totalmente este año; este año andamos en la luz o seguimos en la ruta de las tinieblas. En el 2022 viviremos la vida de Cristo o la muerte de Satanás, porque Cristo es vida, Satanás es muerte. Decidamos: somos de la verdad o pertenecemos a la mentira. Este año tenemos que decidir si amamos el bien o lo aborrecemos; decidamos, nos conformamos a este siglo o renunciamos totalmente a él, esa es la decisión. Tenemos que decidir: somos libertos o libertados en Cristo o somos esclavos del infierno; eso hay que decidirlo ya, porque falta como media hora para que comience el año 2022, ojalá que lo decidamos antes de que entre el año.

El 2022 es también el año de la totalidad, ¿somos totalmente libres o somos esclavos? Hay una urgencia, hay un reclamo, hay una insistencia, hay una confrontación de Dios este año, no va a haber desentendidos que anden por ahí, como que esto no es conmigo, tendrás que decidirte, este es un año de decisión. El 2022 el Señor anuncia que como hizo diferencia entre los hebreos y los egipcios, así este año diferenciará entre sus santos y los que no lo son; separará las ovejas de las cabras, los que son de él y los que no son de él. Dios va a hacer separación este año; va a poner a un lado los que son diferentes y los que son iguales. El año 2022 será un año de demarcación, el Señor establecerá los límites de las fronteras entre los hijos de la justicia y los esclavos del pecado.

Dios va a poner una demarcación de manera que no podrás estar cruzando de aquí para allá, y de allá para acá, no, no, no, vas a tener que definirte: si soy de aquí me establezco aquí; y si soy de allá estará allá, porque habrá una demarcación, un límite, una definición. En el 2022, el Señor nos obligará a decidirnos. Has visto personas indecisas que comienzan a decir: «No mañana, pasado, cuando tenga tiempo; dame un tiempo, déjame pensarlo». ¡Eso se acabó ya! Dios dice: no hay tiempo, tienes que decidir o eres mío o no eres mío, o me sigues o me dejas. De muchas maneras va a ver este año y tendrás que decidirte. El Señor nos obligará a decidirnos; él nos probará, nos someterá a situaciones y circunstancias que nos revelarán a nosotros mismos lo que en realidad somos. Dios hará circunstancias, situaciones que te va a revelar a ti y a mí, y tendremos que decir: «Oye, yo pensaba que yo era, pero la verdad no soy». El Señor nos va a presionar con pruebas y situaciones que vamos a tener que decidir.

En el 2022 el Señor terminará con las ambivalencias y las ambigüedades. El Señor exige en el 2022 que dejemos de claudicar entre dos pensamientos, si Jehová es Dios seguidle, si Baal id en pos de él (1 Reyes 18:21). Se acabó el claudicar. De la manera que ilustramos el significado del número 2, mostrando la diferencia entre las dos partes y el conflicto que resulta de la diferencia (los ejemplos la luz y las tinieblas, Caín y Abel, etc.) cuando nos decidimos a vivir a Dios inmediatamente se manifiesta y se hace visible la diferencia entre nosotros y el mundo, entre nosotros y los que sirven al reino de Dios, entonces vamos a ver que nuestra identidad está con los que sirven a Dios, que nuestro parecido es con los que le sirven a Dios, que nuestra igualdad y nuestro compromiso es con los que siguen a Dios. En otras palabras, cuando nos decidimos a vivir a Dios es que se nos hace manifiesto o visible la diferencia que tenemos con el mundo y la afinidad que tenemos con los que son de Dios.

El otro significado del número dos es unidad o semejanza, unidad y semejanza, esto quiere decir que entre los unos y los otros no hay diferencia porque comparten la misma identidad, la misma naturaleza y el mismo carácter, aunque se llamen primero y segundo (porque está hablando de dos); también comparten la misma fe, el mismo Dios, la misma esperanza y el mismo espíritu. El Señor hará que 2022 sea un año de unidad entre su pueblo, y será como un total Pentecostés, una total unidad, porque veinte habla de totalidad, de lo que está completo. No va a ser a medias, ni algo ficticio ni aparente, será genuina, auténtica como es Dios. Un viento de unidad soplará desde el cielo hacia la tierra y los que son de Dios se van a alinear con él, y van a buscar la demarcación, y van a entrar con él en el territorio santo, y van a estar en la ciudad de Dios, en la ciudad de la verdad, para servir al Dios de la verdad.

El Señor intervendrá poderosamente para hacer que los esposos y las esposas sean una sola carne. En el hogar va a haber un viento de unidad que va a soplar y todo lo que era enemistad, pleitos, celo, rencilla, divisiones, contradicciones se va a acabar en el nombre de Jesús; y todo aquel que lo crea verá la gloria de Dios, el que lo dude no lo verá, como sucedió aquella vez en Samia que el profeta dijo: “Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio. Y un El ayudante personal del rey replicó: —¡No me digas! Aun si el SEÑOR abriera las ventanas del cielo, ¡no podría suceder tal cosa! —Pues lo verás con tus propios ojos —le advirtió Eliseo—, pero no llegarás a comerlo” (2 Reyes 7:1-2 NVI). Y eso mismo sucedió, se cumplió la palabra del profeta y este hombre no pudo verlo porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió (vv. 19-20). Ojalá que Dios no nos haga eso a nosotros. Él obrará para lograr el milagro del Pentecostés, que todos sean de un mismo corazón y de una misma alma, él hará el milagro en aquellos que lo creen. No estoy anunciando un Pentecostés para todo el mundo, no. Estoy hablando de un Pentecostés para aquellos que le creen a Dios, que se someten a Dios, que buscan a Dios, que cuando Dios los llamen van a oír la voz de Dios.
También digo que el Señor está anunciando lo que él desea con todo su corazón hacer con sus hijos en el 2022: todos los que se dispongan con sinceridad de corazón serán juntados debajo de las alas del Señor como la gallina junta a los polluelos. Dios va a juntar a su pueblo, Dios va a abrazar a los que son suyos, y los que son suyos vendrán al abrigo del Altísimo y morarán bajo la sombre del Omnipotente.

El Señor expresa su intención y su plan para este nuevo año, él tocará su trompeta y convocará a los que aman su nombre y el pueblo de su heredad, los que llamó para la alabanza de su gloria. Este pueblo oirá su voz y dirá: «Heme aquí Señor, habla que tu siervo oye». Así como la columna de fuego separó a Israel de los egipcios frente al mar Rojo, en el 2022 el Señor hará separación entre los que le sirven y los que no le sirven, entre los que son sinceros y los que no son sinceros, entre los que están decididos por él y los que no está decididos por él, en aquellos que son iguales o semejantes a él, tienen el mismo corazón, el mismo espíritu y aquellos que difieren de él. Este 2022 será de separación entre los que son diferentes y los que son semejantes. No se trata del deseo de pertenecer a un grupo de “iguales” (ah no, yo soy de este grupo) no se trata de eso, de pertenecer a un grupo. Eso no lo determina un simple deseo o necesidad, sino tener la naturaleza y el espíritu de los que son semejantes, los cuales como son ovejas del Buen Pastor oirán su voz y le seguirán. Es cuestión de naturaleza, de un mismo espíritu, de un mismo sentir; es saber oír la voz de Dios, es distinguirla.

Los que son de Dios oyen su voz y aman su corazón, y aunque estén en una condición perdida, como el hijo pródigo (Lucas 15:12, 17-20), regresarán este año a la casa del Padre, humillados, arrepentidos, dispuestos a ser restaurados en la relación con el Padre. Eso sucederá este año, verán a muchos hermanos extraviados que vendrán y entrarán por esas puertas (Poughkeepsie) y por las puertas en el Bronx porque oirán la voz del Señor. Volverán en ellos, volverán en sí como el hijo pródigo; los dormidos oirán la voz fuerte, pero tierna, del que llama, y despertarán de su letargo, de su sueño, y regresarán al Señor del Padre, al redil del Buen Pastor, oirán su voz. A los confundidos, el Señor les mostrará el camino de regreso, este año les va a decir: «Regrésate, ese es el camino», él le va a señalar el camino; y a los que están turbados les va a decir: «Este es el camino»; y a los que están dormidos en un sueño, sumidos en un letargo, él los va a despertar con su voz tierna como llama el Padre. El Señor hará una obra de amor y de misericordia pocas veces vista en 2022, una obra de misericordia. Será tiempo de gracia y de oportunidad, y de cielos abiertos. Y el que es de Dios, la Palabra de Dios oye. Yo veo en mi espíritu la movilización de una fuerza divina y poderosa enviada del cielo por decreto del Señor para reunir a su pueblo y libertar a los cautivos. Lo vi mientras yo lo escribía. Un decreto de Dios, voz de trompeta de Dios. Los que crean verán la gloria de Dios. El 2022 es el año de la diferencia y de la semejanza, de la diferencia y de la unidad, es el año de decisión y definición.

  • APLICACIÓN FINAL

El 10 más el 12 nos habla del orden y de gobierno de Dios. El significado del 11 más 11 nos habla de desorden, de desorganización, imperfección y desintegración. El significado de 20 más 2 nos sugiere diferencia por un lado y semejanza por el otro. ¿Cómo se armoniza todo esto? El cumplimiento está acondicionado a la decisión de oír la voz de Dios y obedecerla. En otras palabras, va a haber orden y gobierno si los que son semejantes se alinean por la palabra de Dios, y ellos verán en sus vidas orden y gobierno. El significado de once más once que habla de desorden, desorganización, imperfección y desintegración se va a cumplir para aquellos que son diferentes, que están desunidos de Dios y de su pueblo; ellos van a ser desorganizados, desintegrados como Dios profetizó de las naciones con la pandemia: «Voy a turbar a los reyes de la tierra», pues este va a ser un año de desintegración, de desorden, de caos, de muchas cosas que van a acontecer para aquellos que no quieren oír a Dios. Pero para los que oyen a Dios va a haber orden y va a haber gobierno, y va a haber también unidad, armonía y todo lo bueno.

¿Cómo armonizamos esos tres significados? Por un lado, el diez más doce “orden y gobierno”, once más once “desorganización, imperfección, desintegración” y ¿cómo lo armonizaremos con el significado de veinte más dos que nos sugiere “unidad y semejanza”? Pues eso lo determinaremos tú y yo dependiendo si oímos o no la voz de Dios. El cumplimiento está condicionado a la decisión de oír la voz de Dios y obedecerla, los que lo hagan participarán del bien de Dios a favor de sus hijos, y los que no lo hagan vivirán en su extravío yendo en desorden, desorganización, desintegración, perteneciendo al grupo de los que son diferentes con relación a los que son semejantes, los cuales serán uno y vivirán en la unidad de los hijos del Padre.

El fin de todo discurso es que el año 2022 es el año de la “Diferencia y de la Semejanza, de la Diferencia y de la Unidad”. Será un año de “Decisión y Definición”. Habrá orden donde nos sometamos a Dios, y gobierno donde le obedezcamos a Dios, mas desorden y desintegración cuando no sigamos su voz. Va a haber diferencia cuando nos identifiquemos con aquellos que no piensan como Dios, pero tendremos unidad y armonía con aquellos que piensa y son como Dios, que ya no son más dos, sino uno con Dios y uno entre ellos. Año de Unidad, año de Semejanza, año de Decisión, año de Determinación, este es el año 2022.

  • ORACIÓN
    «Padre, en el nombre de Jesús, te damos gracias, Dios, eres generoso, eres bueno, eres fiel; gracias porque me diste la Palabra y me diste la fuerza para exponerla a mis hermanos. Gracias, oh Dios,, esta palabra está siendo oída en el mundo entero, y los que son tuyos van a escuchar la voz, aunque para los demás será un mensaje más y esta palabra no se va a cumplir en ellos. Esa palabra va a pasar por el lado de ellos, van a oír, pero no van a escuchar, porque tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. Pero Señor, hay un pueblo que tiene tu corazón, que piensa como tú, un pueblo que vive el Pentecostés donde todos eran de un mismo corazón y una misma alma, donde ya no son más dos, sino uno solo.
    » Desata, Padre, en el nombre de Jesús, esa palabra, yo quiero ver la movilización de esa fuerza a favor de tu pueblo de la cual tú hablaste; moviliza, habla Señor, es necesario; nos humillamos delante de ti. Vamos a levantar clamor, en el nombre de Jesús, para que el pueblo sea preparado, para que lo alto se baje y lo que está apocado se suba, y lo torcido se enderece y lo sucio se limpie, para que pase la gloria del Señor. Oh, Señor, te vamos a preparar el camino como Juan el bautista, para que todas estas palabras que tú hablaste se cumplan este año, porque ese es el deseo de tu corazón. Tu corazón está ansioso, deseoso, no sólo de hacerlo este año, sino que hace tiempo quieres hacerlo, pero tú andas buscando un pueblo que se te disponga, un pueblo que se someta a ti en el día de tu Gobierno, en el día de tu Autoridad. Yo y mi casa serviremos a Jehová, yo y mi casa tomamos decisión por ti Señor.
    » Yo te pido que tú me ayudes a tomar decisiones firmes en las áreas donde tú quieres que yo tome decisiones, y lo haga con firmeza, con determinación; que nada me ate y que nada ate a este pueblo. Padre habla, toca, llama, moviliza, intervén, glorifica tu nombre, es tiempo de obrar, toca trompeta, llama a los tuyos, separa la paja del trigo. Como fue escrito: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14-15). Es necesario la separación.
    » Obra Señor, trae la unidad de tu pueblo, el milagro de Pentecostés. Sopla viento fuerte del Pentecostés sobre la iglesia, une a tus ministros, acaba con toda separación denominacional. Nada es imposible para ti, veremos tu gloria, lo creemos. No estamos aquí tratando de entusiasmarnos, no, ya estamos entusiasmados, porque te creemos, porque Palabra, porque te conocemos, porque conocemos el deseo de tu corazón. Eso es lo que tú quieres hacer con tu pueblo hace muchos años, y tú lo harás con todos aquellos que oigan tu voz, te obedezcan, te sigan y estén decididos a pagar el precio contigo, ellos verán tu gloria en el 2022. Yo quiero ser de ellos y este pueblo también. Habla que tu siervo oye, habla Señor, comenzamos el año contigo».

 

Hermanos hagamos un acto de fe, demos un paso al frente diciendo: Señor, comienzo el 2022 contigo, no se haga mi voluntad, sino la tuya. Háblame, quiero oír tu voz, estoy dispuesto a que tú hagas conmigo lo que tú quieras. Yo soy uno contigo, yo soy semejante a ti, tengo tu espíritu, tu naturaleza, tengo tu imagen, soy tu pueblo. Aquí estoy, me dispongo para ti, gracias, oh Dios,, termina tu obra en mí y en nosotros, en el nombre de Jesús, amén y amén.

JRF/mm

Photo by Ivan Aleksic on Unsplash

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