La Ofrenda y el Sacerdote

Toda acción que se tome en el ministerio que desvía la atención de Dios es una apostasía. La honra y la gloria pertenecen a Dios, pero hay quienes que, como los hijos de Eli, se la arrebatan, pues la quieren para ellos. Ya vimos que Dios compartía los sacrificios con sus ministros, y aunque la ofrenda era heredad de ellos, no debían olvidar que antes era de Jehová. El que yo tenga algún derecho en las cosas sagradas, no me da lugar a tomar la honra de Dios, ni Su ofrenda ni mucho menos Su lugar.
¡Cuántas personas están hoy, por la fuerza, llevando al pueblo a honrarles y servirles a ellos, y no a Dios! Jehová le dijo a David:

“Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel” (2 Samuel 7:8).

Nota que Él no le dijo a David que lo llamó para que fuese “rey”, sino “príncipe”, porque el Señor es el único Soberano, Rey de reyes y Señor de señores. También la Palabra nos muestra que cuando al apóstol Pablo y a Bernabé les querían hacer culto y ofrecerles sacrificios, ellos rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces diciendo:

“Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hechos 14:15).

Eso es lo que hace un sacerdote, un ministro de Dios. Tenemos que aprender a lanzarnos sobre la muchedumbre y parar su locura de adorarnos. La adoración y la admiración pertenecen solo a Dios. Estos siervos de Dios resistieron a ser adorados, sin importar que la multitud pensara de ellos y que al final los apedrearan hasta dejarlos como muertos (v. 19). Y sé que así heridos, sangrando, con sus ropas hechas trizas y con sus labios partidos, solo musitaban estas palabras: ¡No! No a nosotros, hónrenlo a Él, al Dios vivo; Él es el único digno, adórenlo a Él, no a nosotros, no, NO a nosotros, no, no, no… a Él únicamente a Él, adórenlo solo a Él….

El Señor me ilustró la similitud que hay entre la ofrenda y el sacerdote con algo muy sublime. Él me dijo: Así como los querubines del Arca y el propiciatorio eran de una misma pieza, el sacerdote y la ofrenda deben ser de la misma naturaleza (Éxodo 25: 17-19).

¿Por qué? Porque los querubines son los que cuidan la gloria de Dios. En el libro de Génesis aparecen los querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el acceso al árbol de la vida (Génesis 3:24).

También, vemos que en el libro de Ezequiel se nos habla de querubines en la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, donde estaba la gloria (Ezequiel 10:9).

Los querubines representan a los guardianes de la adoración, los cuidadores de la gloria, y los ministros, como adoradores que ministramos en el altar, somos los celadores de la gloria, para que lo que llegue a Dios sea lo mejor. Hay un propósito en el ministerio y es buscar la gloria de Dios.

Tomado del libro “La Honra del Ministerio” del pastor Juan Radhamés Fernández

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