“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”–Lucas 4:18-19

El jubileo era una de las fiestas judías que se celebraba cada cincuenta años. Su celebración se anunciaba por medio de un toque de trompeta o cuerno, por lo que de ahí se derivó su nombre, de la palabra hebrea yobel que significa «cuerno de carnero». En la misma se debía cancelar toda deuda, liberar a todo esclavo y devolver a sus dueños originales las tierras que habían sido vendidas (Lev 25:8–55; 27:17–24; Eze 46:17).

El objetivo principal que perseguía Jehová con la instauración de la misma era prevenir la ruina total de la tierra y dar libertad a aquellos endeudados para que todos tuvieran la oportunidad de un reinicio. Asimismo, recordarles que el dueño y creador de todas las cosas es Dios, por lo que tanto el deudor como el acreedor tenían que confiar en que Él les proveería lo que necesitaran en ese año sabático. Lamentable, el pueblo de Israel no entendió y no lo observó de la manera que se había establecido, por eso sufrieron empobrecimiento, esterilidad de la tierra y también cautiverios.

En el aspecto espiritual, el año del jubileo es «el año agradable del Señor» (Luc 4.19; Isa 61:2) lo cual representa la salvación que hemos recibido de Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Tomando el espíritu de esta celebración, hemos visto bien celebrar, cada cincuenta días o cada siete sábados un encuentro especial con el Señor, para – como comunidad de fe- darle adoración santificándonos en Él, para recibir de sus manos su abundante y copiosa bendición.

CategoryArtículos
  1. 22 April, 2019

    bueno excelente noticia

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