¿Cómo podemos empezar de nuevo cuando vemos que todo lo hemos perdido, cuando nada queda, cuando todo se derrumbó?

El no tener respuesta a esta interrogante ha llevado a muchos a la depresión y hasta a la muerte. Es difícil encontrar la puerta de la esperanza en medio de tanta destrucción. Sin embargo, la mejor manera de empezar de nuevo es empezar, y empezar con Dios. Cuando Job enfrentó su pérdida dijo:

“Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

Esta expresión no la dijo este hombre, como yo en este instante que la estoy repitiendo, sino que surgió de una experiencia con Dios en la que había perdido casas, hijos, criados, ganados, dinero, reputación de varón perfecto en Dios (porque en la antigüedad consideraban la enfermedad y la adversidad como castigo de Dios) e incluso también perdió la salud con una sarna que le cubrió todo el cuerpo.

Pienso en esas cosas y no sé cómo yo hubiera reaccionado. Él no perdió una casa, sino varias; tampoco un hijo, sino hijos e hijas; sus criados fueron muertos a espada, y sus bienes fueron saqueados, y lo que quedó le cayó fuego del cielo que lo consumió. Sin embargo, ante tanto sufrimiento y pena, pues Job sí se afligió, pero aun así adoró a Dios y dice la Palabra que “en todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (vv. 20, 22). El ser humano tiende a culpar a Dios, a blasfemar su nombre cuando confronta la crisis o situaciones que no entiende pero que juzga injusta y clama: « ¿Por qué a mí, por qué yo?», en lugar de decir: «Ayúdame Señor, muéstrame tu voluntad en toda esta situación, abre mi entendimiento, guarda mis labios, dame fortaleza, aumenta mi fe».

Hay algo que Dios me enseñó en una ocasión que, enojadísima conmigo misma por no haber notado ciertos errores en un trabajo, mientras conducía hacia mi casa meditaba en eso y le decía al Señor: «Dios mío cómo no me di cuenta, si eran tan obvios esos errores, Señor ayúdame a ser más cuidadosa, más rigorosa en la revisión. Dime Padre celestial, cómo puedo librarme de cometer estos errores en el futuro». En ese momento, estaba pagando el peaje para cruzar el puente (toll) que he pasado millones de veces en estos 22 años que tengo residiendo en New York, pero sumida en mis pensamientos volteé el rostro y veo un letrero que estaba en la estación de peaje que decía: “STOP” y a manera de acróstico se leía: Stop, Thinking, Observe and Proceed. Es decir, Para, piensa, observa y prosigue. Yo dije aleluya, nunca había tenido una respuesta tan rápida Señor!! El asunto aquí es:

  • 1. Detenerme, parar, no ir tan rápido, no dar las cosas por hechas;
  • 2. Pensar, meditar, concentrarme en lo que estoy haciendo, no realizar una cosa pensando en otra;
  • 3. Observar, examinar detalladamente, mirar con atención; y
  • 4. Proseguir, continuar, seguir porque ya tomé las provisiones de lugar. ¡Qué sabiduría! Desde entonces, estas palabras las convertí en mi lema de trabajo, las cuales trasmito a aquellos que como yo quieren realizar un trabajo con excelencia. También trato de aplicarlas a otras esferas de mi vida a la luz de la Palabra de Dios.

Por tanto concluyo que aquello que parece el fin, no es sino el punto de partida para algo muchísimo mejor. Por favor, créemelo. No importa el grado de la pérdida ni en qué condiciones nos encontremos, cree que estamos en la mejor manera de empezar algo nuevo, algo diferente y ahora con la bendición de Dios. Cuántas cosas nos gustaría hacer y no podemos realizarlas por estar atrapados en una casa, esclavizados en un negocio o trabajo, o atestado de muchas responsabilidades… No tener nada es el momento de empezar de nuevo, corrigiendo lo deficiente, y dejando lo que queda atrás, para remontarte en las alas del Espíritu, buscando siempre la voluntad de Dios que es agradable y perfecta. ¡Quién sabe si también como a Job, Dios tenga preparado tu futuro mejor de lo que tenías primero!

Piensalo…

No quiero despedir estas notas sin antes decir que hay algo que nunca perderemos y es el amor de Dios y su compañía. Él nunca nos deja, Él es el buen samaritano que su vida ha dado por nosotros, el que sana nuestras heridas, el que nos carga y nos lleva al mesón para que nos repongamos. Aunque padre y madre nos dejen Él nunca nos deja, y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Rom 8:28).

Nuestra vida con Él siempre es un nuevo empezar. Aleluya !!!

Por Marítza Mateo-Sención

CategoryArtículos, Blog
  1. 4 Enero, 2017

    Edificantes palabras, Asi me encuetro yo amada hermana, Todo perdido por mi mala cabeza, espero que Dios me Ayude, quizas no pueda recuperar lo perdido, pero ojala , que Dios en su misericordia recupere mi relacion con El.
    Gracias por tu testimonio.
    Bendiciones

  2. 11 Noviembre, 2016

    Gracias por esta palabras, amada hermana, nuestro Senor has estado usandote en gran manera. GLORIA AL ALTISIMO DIOS QUE PUSO SU PALABRA EN TU CORAZON!!!

  3. 28 Mayo, 2016

    Amén!!!! Precioso consejo a seguir!!! Gracias por compartir!!!!

  4. 7 Abril, 2016

    Q gran bendiciones! Encontrar una Iglesias! Donde se multiplican Los Timoteos..❕❕

  5. 25 Enero, 2016

    Bendiciones bendita de Jehova estoy totalmente de acuerdo contigo a Dios se ama, se sigue por la esencia de lo que El es, y no por los beneficios que El da.Gracias amada por tan excelente reflexión un abrazo Dios te continué bendiciendo

  6. BENDITO SEA DIOS, gracias por este mensaje tan oportuno.

  7. 1 Octubre, 2015

    amen, aleluya¡¡¡

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