Ser pobre en espíritu no tiene nada que ver con pobreza espiritual ni mucho menos con falta de estima y amor propio. El pobre en espíritu se refiere a alguien que no es altivo ni orgulloso, sino humilde de corazón. Ese que sabe que no tiene nada bueno, y reconociendo que es pecador, vive quebrantando buscando la gracia de Dios.

A los pobres en espíritu, a aquellos que reconocen su pobreza espiritual es que al Señor le plació regalarle el cielo, la excelencia divina, los tesoros escondidos y los secretos muy guardados, pues solo esos tienen la sabiduría de administrarlos, porque dependen de la gracia de Dios. Por eso, siendo pobres son ricos, siendo sufridos son bienaventurados, y viviendo quebrantados son vivificados.

Salmos 34:18
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu”.

Proverbios 29:23
“La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra”.

Eclesiastés 7:8
“Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu”.

Isaías 57:15
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”.

Isaías 66:2
“Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”.

Mateo 5:3
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

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