Aún en la situación más calamitosa o en la condición más patética nuestros corazones deben dar gracias a Dios por todo. No hay una cosa que logre amargarnos más y aumentar nuestro egoísmo e insatisfacción que un desagradecido corazón. En cambio, no existe una manera más eficaz de traer a nuestra vida gozo y paz que tener una actitud de gratitud y alabanza para nuestro Señor. La Palabra de Dios nos manda a ser agradecidos, pues solo aquel que agradece es que valora lo que por gracia ha recibido.

Proverbios 15:13
“El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate”.
1 Tesalonicenses 5:18
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.
Colosenses 3:15
“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.
Hebreos 12:28
“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia…”

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