Aún en la situación más calamitosa o en la condición más patética nuestros corazones deben dar gracias a Dios por todo. No hay una cosa que logre amargarnos más y aumentar nuestro egoísmo e insatisfacción que un desagradecido corazón. En cambio, no existe una manera más eficaz de traer a nuestra vida gozo y paz…

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