2011: año paradójico, donde se cortará para añadir y se desintegrará para perfeccionar.

Al inicio del año 2000, el Señor nos dijo que los primeros años de este milenio (hasta el 12) serían proféticos. Para que podamos entender el lenguaje celestial, Dios nos habla a través de simbologías y tipologías la revelación que esconde este intervalo de tiempo. El 2010 fue el año de la totalidad y el nuevo orden, pues el número 10 representa el  orden perfecto. El 11 que es un número añadido al 10, rompe ese orden, y como también el 11 es uno menos que el 12 (que representa la perfección del gobierno de Dios), desintegra totalmente la misma.

Si analizamos el once a través de la narración bíblica, veremos que es un número que significa desorganización y desintegración. Muchas cosas trágicas acontecieron en la jornada undécima en el trato de Dios con Israel en el desierto. La nación fue probada y desaprobada en su marcha onceava, en Cades-barnea (Deuteronomio 1:2). En esta estancia fueron enviados los doce espías a reconocer la tierra que Jehová prometió a los hijos de Israel, pero por el mal informe de diez de ellos y por su incredulidad y la del pueblo, juró Dios que no entrarían en su reposo. También allí fue donde Moisés recibió el castigo de no poder entrar a la tierra prometida, porque no santificó el nombre de Jehová. Y en este mismo lugar también se rebelaron Coré, Datan y Abiram; y María murió y fue sepultada (Números 13, 14, 16 y 20:1-13). Así que la jornada once, Cades-Barnea, fue para Israel una estancia de desintegración, y un tiempo de pérdida y detenimiento del propósito divino.

Del mismo modo, el Nuevo Testamento nos ilustra sobre la simbología del número once. El Señor Jesucristo eligió a 12 discípulos, pero cuando Judas pecó se desintegra el número doce que representa el gobierno perfecto de Dios, y se reduce a 11. Pero el Señor que siempre sustituye para ordenar y llevar a la perfección a su gobierno, lo restituyó y otro tomó su lugar (Hechos 1:12-26). Asimismo, en el evangelio según Mateo encontramos una parábola en la que el Señor comparó al Reino de los cielos a un padre de familia que contrató obreros para trabajar a su viña, y al momento de pagar el jornal, le paga el mismo salario a los que vinieron a la hora undécima, como a los de las primeras horas (Mateo 20:1-16). Así en el año 11 Dios dice que tomará a los últimos y los hará primeros, dándoles a todos la misma honra, porque la hora undécima será una etapa de gracia y misericordia, donde la generosidad de Dios será manifestada al convertir a los postreros en primeros.

La venida de nuestro Señor está a la puerta, pues de las 4 vigilias que Él menciona (anochecer, medianoche, canto del gallo y la mañana – Marcos 13:35-37), las tres primeras ya han pasado, y solo queda la cuarta, donde la hora undécima está incluida, que corresponde las 5 de la mañana. En la actualidad, estamos viviendo en la hora undécima, por lo que este año 2011 marcará proféticamente muchas cosas de la venida del Señor.  También en Mateo 14:22-33, vemos que una tormenta vino a la cuarta vigilia de la noche, y así como esa barca fue azotada por las olas, de la misma manera la iglesia será sacudida y las hojas secas serán quitadas. En el año 11 se desata una tormenta sobre la iglesia, y solo Jesús podrá salvarla. Vienen vientos contrarios anuncia el Señor, porque Dios desea que en el año 12 su pueblo esté sometido a su gobierno y andando en rectitud de corazón, para llevar a cabo su propósito. Habrá turbación en la iglesia, pero Jesús aparecerá y dirá: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. Muchos vivirán la experiencia de Pedro y saldrán de la barca para ver la tormenta y se van a hundir, pero el Señor los va a levantar y los entrará en la barca nuevamente, entonces se calmará el viento que les era contrario (Mateo 14:32).

Este año será como José, que aunque era el hijo 11 que le nació a Jacob, cuando él desapareció y luego aparece, llega a ser el 12 (Génesis 42:13; 45:1-5). Aunque el año 11 nos habla de desintegración, de algo incompleto, también prepara el camino al año 12, al tiempo del régimen perfecto, donde Dios completará su gobierno. Es importante connotar que aunque el número once tiene un significado tan negativo, la Palabra once en hebreo significa ordenar y unificar. Por tanto, en este año veremos las dos cosas: se cortará para unir, se desintegrará para perfeccionar, y se añadirá lo postrero para hacerlo primero. Por lo cual, el 2011 representa algo paradójico pues en él se logran unificar cosas que aparentan ser contrarias. También será un año de unidad, preservación y liberación. Los que no aparecen entrarán a la barca y cuando lleguen los desaparecidos serán como José, preservadores del propósito.

El llamado del Señor para su iglesia en este año es preparad el camino para lo que Él hará en el año 2012 y los que siguen, por lo que nos advierte: Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar” (Jeremías 1:10). No habrá paz para el mundo ni para el impío. Y aunque en el mundo habrá desintegración, crisis y desorden, donde los acontecimientos serán rápidos y abruptos, en la iglesia aparecerá el Señor, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos (Isaías 57:15). Hay un pueblo que se someterá a Dios voluntariamente, al cual Él sanará y pastoreará y le dará consuelo.  El que comenzó la buena obra la terminará, y todo lo que esté incompleto Dios lo completará, y reinará para siempre.  Amén.  [Palabra profética del pastor Juan R. Fernández para el año 2011].

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