Mensaje profético dado a nuestra congregación el 31 de diciembre de 2006, por el pastor Juan Radhamés Fernández.

“Y ésta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová”Deuteronomio 15:2

Cuando fueron acabados los cielos y la tierra, y toda la creación, la Palabra dice que Dios reposó de toda la obra que hizo. Y luego que vio que todo fue bueno en gran manera, bendijo Dios al séptimo día, y lo santificó, para hacer de él un memorial (Génesis 2:1-3). De esta manera, Dios no sólo santificó el día séptimo, sino también cada año séptimo y el séptimo de cada siete años, lo que conocemos como el año del jubileo.

¿Qué requería Dios, a su vez, de su pueblo? Que le santificara el día séptimo, el año séptimo y también el año 50, no tanto con fiestas ni rituales, pero sí descansando como él de todas las obras, y dando descanso a la tierra, a las bestias y a aquellos de eran sus esclavos y siervos. También Jehová requería que se haga remisión, perdonando la deuda a todo aquel que hizo empréstito, pregonando así la remisión de Jehová. Por tanto, el año séptimo era un año de remisión, de generosidad y de libertad, para que no haya pobre entre su pueblo. Y en cambio Dios daría la doble porción para que en nada estuviesen afanosos, sino que descansaran en Jehová, dueño de la tierra y su proveedor.

Si recordamos la trompeta profética del año pasado, 2006, en la que el Señor nos habló de su altura y de su santidad, en la cual solo podíamos habitar cuando restituyéramos el agravio, por lo que ahora entendemos que sin restitución no puede haber remisión.  El año pasado el Señor nos reveló de su Espíritu, pero ahora nos revela su corazón:

  • Dios es misericordioso y nos pide que seamos misericordiosos;
  • Dios es perdonador y nos manda a perdonar todo agravio y todo dolor;
  • Dios es generoso y nos pide que actuemos con generosidad
  • Dios es bueno y nos manda a no ser perversos.

Por tanto, el Señor ha proclamado, para su iglesia, este año de reposo y de la remisión de Jehová, y así como Él restituyó y luego redimió por la sangre de su Hijo, también nosotros debimos restituir para luego redimir y dar descanso a nuestra tierra espiritual. Para tener paz y poder disfrutar nuestro año sabático tenemos que terminar las obras como Dios terminó las suyas. Meditemos en nuestros caminos, y tomemos en cuenta que condonando a nuestros deudores estaremos en cuenta con Dios y con los demás. Entonces miraremos y veremos aquello que Dios ha hecho, bueno en gran manera, para el descanso de nuestras almas y el reposo de nuestro espíritu.

Finalmente, no nos confundamos, el año del reposo es un tiempo de gran solemnidad, no para caer en una pereza carnal e infructuosa, sino para proclamar la remisión de Jehová. Andemos fervientes en espíritu, imitando a Jesús, Señor aún del día de reposo, el cual como nuestro Padre Celestial hasta ahora trabaja (Juan 5:17).

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