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	<title>perdon &#8211; El Amanecer de la Esperanza Ministry</title>
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	<description>Cumpliendo el propósito profético de testificar el señorío de Cristo y la restauración de todas las cosas, siendo Dios el todo en todo.</description>
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	<title>perdon &#8211; El Amanecer de la Esperanza Ministry</title>
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		<title>Jesucristo el Todo Suficiente</title>
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		<dc:creator><![CDATA[El Amanecer de la Esperanza - MM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Nov 2017 18:21:06 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Jesucristo es el <em>dayenu</em> divino, el todo sufiente de Dios, por el cual debemos dar gracias a Dios cada día. La primera vez que escuché la palabra <em>dayenu</em> fue en una alabanza de Michael Bunster &amp; Puertas Eternas, la cual inmediatamente captó mi corazón, por lo que quise indagar un poco más sobre esta palabra hebrea. Mi primera fuente —como siempre— fue la Biblia, en sus idiomas originales, sin embargo, esa palabra en sí no se encuentra en ella, aunque su significado está explícito por toda la Escritura, porque es la Palabra misma. Dayenu es un poema judío, compuesto de quince estrofas en las cuales se narra todos los hechos históricos del pueblo de Israel, desde su esclavitud en Egipto hasta la construcción del templo. Musicalizado, es entonado en la celebración de la fiesta de la Pascua, en los hogares judíos, y todos unen sus voces para cantar el estribillo al final de cada estrofa, diciendo Dayenu, para expresar que, si eso hubiera sido la única intervención de Dios en la vida de ellos, hubiera bastado, pero Él hizo más que suficiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dayenu significa eso precisamente: “más que suficiente”. Si lo ponemos en contexto, la canción empieza expresando lo bueno que ha sido Dios con el pueblo hebreo, para luego empezar enumerando 15 hechos que Dios les otorgó generosamente al pueblo hebreo. Los primeros cinco se refieren a la libertad de su esclavitud; los segundos cinco hablan de los milagros que Dios obró en el desierto; y los últimos expresan la manera en cómo Dios los acercó a Él. En otras palabras, ellos dicen: «Si Dios nos hubiera sacado de Egipto, nos hubiera bastado, pero Él hizo más: ejecutó justicia sobre los egipcios y sus dioses; mató al primogénito; nos dio sus riquezas; separó el mar para que pasáramos en seco y ahogó a los que nos perseguían en él; nos sustentó por cuarenta años en el desierto y alimentó con el pan del cielo; nos dio descanso santificando el sábado, y en el monte Sinaí nos dio la Torá; y cuando nos entró a la tierra prometida, nos dio el Templo donde pudiéramos expiar nuestros errores, ¡Dayenu! Nos diste más que suficiente».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ese canto tradicional ellos celebran y hacen memoria de la intervención de Dios en sus vidas hasta la construcción del templo. Mas, ¿es suficiente tan solo ser liberados de la esclavitud? ¿Hubiera bastado con tan solo que nos diera la Ley o Torá? ¿Es suficiente con tan solo poseer la tierra prometida o tener el templo? No, no hubiera bastado, no hubiera sido suficiente, y precisamente, ahí estriba Dayenu, el agradecimiento a Dios, de su bondad y de su infinito amor. El hombre por sí mismo no hubiera podido llegar hasta donde Dios los llevó y nos lleva. Si tan solo nos hubiera perdonado hubiera sido suficiente, pero Él nos dio más. No tan solo nos dio su vida, sino que nos dio una vida nueva en Él.  Cada acto individual de bondad que Dios obró en ese proceso de redención nos obliga a alabarlo por siempre, de manera que Dayenu, más que una expresión de “suficiente” es una expresión de gozo, de alegría, de alabanza exaltada (heb. hallel) al Admirable, al Todopoderoso, al Excelso, a aquel que fue más allá por ellos, por ti y por mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, mi hermano, mi hermana<em>, “Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza”</em> (Sal 69:30), con acciones de gracia, al Dios que es más suficiente! Nosotros no merecíamos su amor, y cualquier acción de su parte a nuestro favor hubiera bastado, no porque no lo necesitamos, sino porque no lo merecemos, pero Él hizo más, no tan solo por ellos como pueblo, sino por toda la humanidad. Entonces, vayamos por cada estrofa, haciendo el símil de lo que hizo ayer con lo que hizo y está siendo hoy el Señor Jesucristo, el todo suficiente…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cinco estrofas de liberación de Dios del yugo de la esclavitud</strong></p>
<p>Si Él nos hubiera sacado de Egipto, y no había llevado a cabo juicios contra ellos, Dayenu, ¡nos hubiera bastado! Si Él hubiera llevado a cabo juicios contra ellos, y no contra sus ídolos, Dayenu, ¡nos habría bastado! Si Él hubiera destruido sus ídolos, y no hubiera golpeado a su primogénito, Dayenu, ¡nos habría bastado! Si Él hubiera herido a su primogénito, y no nos hubiera dado sus riquezas, Dayenu, ¡nos hubiera bastado! Si Él nos hubiera dado sus riquezas, y no hubiera dividido el mar para nosotros Dayenu, ¡nos habría bastado!</p>
<p>De la misma manera, Jesucristo nos sacó del mundo, condenó el pecado en la carne, destruyó todas aquellas cosas de las cuales ahora nos avergonzamos, dándonos las abundantes riquezas de su gracia, Dayenu, más que suficiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cinco estrofas de milagros de Dios</strong></p>
<p>Si Él hubiera dividido el mar por nosotros, y no nos hubiera llevado a través de Él en tierra firme, Dayenu, ¡nos hubiera bastado! Si Él nos hubiera llevado a través del mar en tierra firme, y no hubiera ahogado a nuestros opresores en él, Dayenu, ¡nos habría bastado! Si Él hubiera ahogado a nuestros opresores en él, y no hubiera suplido nuestras necesidades en el desierto durante cuarenta años, Dayenu, ¡nos habría bastado! Si Él hubiera suplido nuestras necesidades en el desierto durante cuarenta años, y no nos hubiera dado el maná, Dayenu, ¡nos habría bastado! Si Él nos hubiera dado el maná, y no nos hubiera dado el Shabat, Dayenu, ¡nos hubiera bastado!</p>
<p>Así Cristo hizo un camino nuevo y vivo, y mediante el bautismo en su nombre, ahora somos salvos por fe. Asimismo, Cristo, es el pan que descendió del cielo para que todo aquel que coma de él no muera, y tenga vida eterna. Desde entonces, tenemos una nueva vida en Él, donde somos santificados y purificados a través de la Palabra nuestro maná, el pan de vida, Dayenu, más que suficiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cinco estrofas de comunión con Dios</strong></p>
<p>Si Él nos hubiera dado el Shabat, y no nos hubiera traído ante el Monte Sinaí, Dayenu, ¡nos hubiera bastado! Si Él nos hubiera traído ante el Monte Sinaí, y no nos hubiera dado la Torah, Dayenu, ¡nos hubiera bastado! Si Él nos hubiera dado la Torá, y no nos hubiera traído a la tierra de Israel, Dayenu, ¡nos hubiera bastado! Si Él nos hubiera traído a la tierra de Israel, y no hubiera construido para nosotros el sagrado templo, Dayenu, ¡nos hubiera bastado!</p>
<p>Cuando creímos entramos en el reposo de Dios. Por lo cual, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos libra de la ley del pecado y de la muerte, para servir al Dios vivo, en nuestro cuerpo, que es el templo espiritual, donde le damos un culto racional. Y todo eso lo disfrutamos por Cristo, el Dayenu eterno, el todo suficiente, no tan solo porque nos ha dado todo, sino porque se ha dado todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este cántico es un recordatorio de la intervención de Dios en nuestras vidas, quien hasta aquí nos ha ayudado. Y si Dios no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Rom 8:32). En el momento que Jesús se despedía de los discípulos, después de haber resucitado, y sabiendo que debía ascender al cielo, les dijo<em>: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”</em> (Jua 14:1-3). Y si Cristo ha sido la provisión que nos ha dado el Todopoderoso, entonces, su muerte y su vida, y todo lo que somos en Él es Dayenu, más que suficiente para todos nosotros, demos gracias a Dios siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Colaboración: Marítza Mateo</p>
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		<title>A Sus Pies&#8230;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[El Amanecer de la Esperanza - MM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Nov 2017 16:04:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[“ Y he aquí, había en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y poniéndose detrás de Él a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="row "><div class="wpv-grid grid-1-1  wpv-first-level first unextended" style="padding-top:0px;padding-bottom:0px" id="wpv-column-f3930d4d9d0c2ea2cf831a4efba05ffa" ><p><em><strong>“</strong></em><strong><em> Y he aquí, había en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y poniéndose detrás de Él a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume</em><em>”</em></strong> &#8211; Lucas 7:37-38</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>¿Cuántos nos hemos sentido mal por algo que hemos dicho o hecho? ¿Cuántos nos gustaría si pudiéramos rehacer un momento, borrar una experiencia pasada? ¿Cuántos de nosotros, después de haber conocido la benignidad de Dios, hemos dicho: «Señor, ¿por qué no te me revelaste antes?», pensando en la vida vacía y disoluta que llevábamos. A veces la culpabilidad nos hace caer en esclavos de nuestro sentimientos o presa del enemigo que nos acusa. Y estamos sufriendo la vergüenza del pecado, de nuestros errores, soportando la acusación del enemigo que viene a ti de muchas maneras: a través del rechazo de los que antes se decían tus amigos, la murmuración, y sobre todo la propia conciencia. Y se nos olvida que Dios, está ahí, caminando con nosotros, parado en la ventana de nuestra vida, viendo todo y esperando el momento para intervenir. Y en lugar de condenarte, te perdona, y también lo olvida.</p>
<p><em> </em>Sin embargo, <strong>no podemos entender la grandeza del perdón de Dios, si no entendemos la trascendencia de nuestro pecado</strong><u>.</u> El salmista declaró: <em>“¡Cuán bienaventurado es aquél cuya transgresión es perdonada, Cuyo pecado es cubierto! ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño!”</em> &#8211; Salmos 32:1-2. Nota que el salmista usa tres palabras para referirse al pecado: &#8220;Transgresión&#8221;, “pecado” e “iniquidad”. La palabra “transgresión” significa liberarse o separarse de Dios, que también se traduce como rebelión. &#8220;Pecado&#8221; significa errar al blanco, hacer algo que no agrada a Dios o fuera de su voluntad. &#8220;Iniquidad&#8221; significa perversión o maldad. Pero también usa tres palabras para hablar del perdón: &#8220;Perdonado&#8221; que significa levantado. &#8220;Cubierto&#8221; que significa oculto o invisible. Y &#8220;no imputado&#8221; significa borrado o no grabado. ¡Esto es grandioso! ¡Hay restauración en Dios para todo aquel que cree y le busca! Y me llama la atención que cada una de esas palabras relacionadas con el pecado, en su vocablo original, en hebreo, significan también “ofrenda”, porque los sacrificios y holocaustos por el pecado son una ofrenda que busca el perdón de Dios. Y yo entiendo entonces, que nuestro pecado lleva en sí la ofrenda del perdón. Cristo se hizo pecado y también fue la ofrenda por nuestros pecados. Por eso Cristo es la propiciación por nuestros pecados, de manera que su muerte es la ofrenda que perdona nuestra transgresión, cubre nuestro pecado y borra nuestra iniquidad. Por lo cual, cuando entendemos la implicación de nuestro pecado, podemos recibir y entender la transcendencia del perdón, porque <strong>El pecado nos aleja de Dios, pero también nos acerca.</strong></p>
<p>Los versículos temas, nos hablan de esta verdad. Primeramente, veamos el contexto histórico de estos versículos, para entender esta hermosa enseñanza. La palabra dice: <em>“Uno de los fariseos le pedía que comiera con él; y entrando en la casa del fariseo, <u>se sentó</u> a la mesa”</em> (Lucas 7:36). En algunas versiones dice que él le rogaba, no porque supiera quién era Jesús, sino que su intención era para examinarlo, para humillarlo frente a los demás. La palabra “fariseo” viene de la palabra aramea <em>peres </em>que significa dividido, separado. Esta secta, empezó como hombres piadosos que querían mantenerse puros, pero ese celo los llevó a convertirse en hipócritas religiosos que deificaron la ley mosaica. Ellos se sentían mejores que los demás y apreciaban más la manifestación externa del mandamiento que el Espíritu de la ley.  Su énfasis eran las formas más que en la rectitud de las acciones. Ellos criticaban en todo a Jesús, sin embargo, lo reconocían como un maestro. En ese tiempo, cuando se invita a alguien a la casa, era una oportunidad para tener debates sobre temas religiosos. Por eso no es extraño que permitiera que esa mujer, conocida como pecadora en la ciudad, entrara bajo su techo. La gente iba, y entraba a las casas, pero se mantenía detrás viendo y escuchando.</p>
<p>En tiempos antiguos no había una mesa como la que usamos ahora, sino que las personas se recostaban a comer, o se hincaban de rodillas. En el original que se traduce como “se sentó a la mesa” es la palabra <em>anaklino</em>, que sígnica acostarse, reclinarse. Y reclinado allí Jesús, entró aquella mujer compungida hasta las lágrimas. Es bueno aclararles que este incidente solo fue registrado en Lucas, y no en los otros evangelios sinópticos (Mateo y Marcos). Lucas especifica que ella era una mujer pecadora de esa ciudad, y no da su nombre, pero no era ni María Magdalena ni María la hermana de Lázaro, de quienes también se registra ungieron al Señor. Este es un incidente aislado. Pero en esta cena hay varios personajes: está el Señor, el anfitrión, que es el fariseo, la mujer de la ciudad, y aquellos que fueron a ver.</p>
<p>Para seguir en el orden de la narración veamos primero a la mujer<em>. “Y he aquí, había en la ciudad una mujer que <u>era pecadora</u>, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y poniéndose detrás de Él <u>a sus pies</u>, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume”</em> (Lucas 7:37-38). La Palabra dice que ella oyó que Jesús estaba en aquel lugar. De alguna manera esta mujer ya había tenido un encuentro con el Señor, y tenía una revelación de Jesús, pues <strong>solo aquel que reconoce a Cristo como Dios, Señor y Salvador, puede postrarse a sus pies </strong>(Jn. 8:24). Solamente el que reconoce a Jesús puede recibir perdón de pecados; en él hay poder para perdonar. Es posible que ella había oído el mensaje del reino, con las buenas nuevas de salvación; de alguna manera esta mujer había oído el sermón del monte y lo que Dios pensaba sobre juzgar a los demás, amar a los enemigos, orar por los que te ultrajan y persiguen. Esa mujer se le habían abiertos los oídos y pudo entender que en Dios hay perdón, que en Dios hay restauración, hay misericordia, hay amor, y lo creyó.</p>
<p>Dicen algunas traducciones que ella era reconocida como pecadora en esa ciudad, no necesariamente debía ser prostituta, pero todos sabían que llevaba una vida fuera de la voluntad de Dios. En nuestro lenguaje de hoy, diríamos, una libertina, una mundana. Me imagino que cuando caminaba por las calles, se volteaban a mirarla, y murmuraban y la condenaban, pero ella había encontrado a alguien que le mostró el amor de Dios; alguien recto, pero amoroso, justo, pero no acusador. Entonces, corrió, me imagino que llegó a su casa, y buscó aquel frasco, fino, costoso, que contenía aquel perfume de gran valor… Quizás lo había guardado por años para cuando se casara, ungirse y ungir al amado de su corazón, y al fin había llegado, alguien que la miraba con compasión, con misericordia, con amor. A ese hombre, ella tenía que mostrarle su amor, su agradecimiento. Me imagino que volteó toda la casa, mientras lloraba de felicidad, y cuando encontró el frasco de alabastro corrió a su encuentro.</p>
<p>Al llegar a la casa del fariseo, encontró a Jesús reclinado, y ella se arrojó a sus pies, llorando. Y quiero llamar tu atención a la actitud de aquella mujer. Ella no pensó dónde estaba, ni los que los demás hacían, ella solo vio que Jesús estaba allí y su corazón en él. A veces nosotros nos cohibimos de adorar en libertad a Dios por el qué dirán, pero cuando el objeto de nuestra adoración llena todo nuestro corazón, no nos importa nada. Ahora nota lo que hizo: y dice en el verso 38<em>: “</em><em>… </em><em>comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume”.</em> El acto de estar a sus pies representa sujeción, humillación, adoración, pero sobre todo amor. Los pies son un tipo de nuestra humanidad, pero también representan santidad de Dios, como en el hombre su humanidad (Exo 3:5). Los pies de Jesús simbolizan la fuente y el lugar de la gracia de Dios, por eso los que se reconocen pecadores vienen a los pies de Jesús. También a sus pies se sientan aquellos que quieren aprender de Él. Pero una cosa es estar a sus pies y otra debajo de sus pies. Los adoradores vienen a sus pies, porque los pies de Dios simbolizan su majestuosa presencia. Pero aquellos que son derrotados y enemigos del reino están bajo los pies de Jesucristo.</p>
<p>Ahora pensemos en el llanto de aquella mujer. Se llora de dolor y se llora de alegría. Las lágrimas representan nuestra fragilidad, por eso para Dios tienen tanto valor. Dice que Él las guarda en una redoma; nuestras lágrimas lo conmueven, especialmente aquellas que son resultado de una injusticia, de reconocimiento de falta, de nuestra imposibilidad. Por otro lado, el cabello largo representa gloria en la mujer, pero llevarlo suelto, en ese tiempo era una deshonra. Pero a ella no le importó cargar esa ignominia, y como David se hizo más vil, con tal de mostrar su rendición a Dios, su devoción al Señor, como los esclavos que acostumbraban secar los pies de sus dueños con sus cabellos. Una actitud de rendición total.</p>
<p>También dice que ella besaba sus pies. Un beso es el término griego <em>filema</em>. En ese tiempo era una característica cristiana besar a sus hermanos (el ósculo santo que habló el apóstol Pablo), como muestra de afecto sincero. El origen de esa palabra, philema, proviene de fileo que es amar fraternalmente, sinceramente a los hermanos. Pero en este relato se usa el verbo <em>kataphileo, kata</em> intenso<em>, fileo </em>amor, una acción que mide la intensidad del sentimiento. Es decir, no fue un simple beso el que ella le dio a Jesús, sino que lo besó ardientemente, intensamente; es dar un beso, y otro beso, y otro beso y otro beso. Un beso, en sentido figurado, muestra respeto, devoción y sumisión, como dice en el Salmos 2:12 <em>“… besad al hijo para que no se enoje”</em>. Y la palabra hebrea aquí es <em>nashak</em>, que se traduce como honrar, unirse, apegarse, gobernar junto, besar. También con un beso se transmitía carácter, dignidad (Abraham con sus hijos, Samuel con David). En el caso de esta mujer, ella con sus besos le decía: «Te amo, te respeto, tú eres mi Rey, eres mi Señor, yo me rindo a ti».</p>
<p>Y por último, dice que ella lo ungía sus pies con perfume. Ungir es consagrar, es separar, dedicar. El perfume era de mirra (heb <em>murón</em>), que figuradamente nos habla de las gracias del Mesías. En Cristo hay gracia, hay favor de Dios. Hermosos son los pies de los que anuncian la paz, las buenas nuevas del Señor. En Cristo recibimos gracia, perdón, misericordia de Dios. <strong>Nosotros somos grandes pecadores, pero Dios es un gran Salvador.</strong> ¡Aleluya!</p>
<p>Mirar esta escena enternece, inspira a la devoción. Sin embargo, mira como el fariseo la vio: “Pero al ver <em>esto </em>el fariseo que le había invitado, dijo para sí: Si éste fuera un profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, que es una pecadora” (Lucas 7:39). El fariseo la vio como a una pecadora, inmunda, y a Jesús como a un cualquiera. Y mira lo que pasó: <em>“</em><em>Y respondiendo Jesús, le dijo: Simón, tengo algo que decirte: Y él dijo: Di, Maestro. Cierto prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta;  y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó generosamente a los dos. ¿Cuál de ellos, entonces, le amará más? Simón respondió, y dijo: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Y Jesús le dijo: Has juzgado correctamente. Y volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para los pies, pero ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con perfume. Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados han sido perdonados”</em> (Lucas 7:40-48)</p>
<p>Es curioso que el nombre Simón significa “examinador” “oír”. Nosotros, como el fariseo, miramos a los demás y ya creemos que los conocemos, que sabemos quiénes son, y los condenamos. Sin embargo, Dios que sí conoce nuestros corazones, no nos desprecia, no porque seamos buenos, sino porque nos ama y por eso nos perdona. Mas, cuando Jesús le dijo “<em>¿Ves esta mujer?”, </em>la palabra que usó para “ver”, no fue ver (gr. <em>eido</em>) con los ojos, como veía Simón, sino (gr. <em>blepo</em>) percibir con la mente, ir más allá de un conocimiento exterior, mirar como mira Dios. Para poder llevarlo a esa perspectiva, usó la ilustración de los dos deudores. Mas, la diferencia de estos dos casos no radica en la deuda en sí, sino en que los dos son deudores. Los dos estaban bajo la misma condenación. El problema aquí es de conciencia, en cómo nos percibimos y percibimos a los demás, sin tomar en cuenta que todos somos deudores delante de Dios. Todos somos deudores, y no podemos pagar esa deuda, por eso la salvación es gratis, no porque no vale nada, pues a Dios le costó todo, sino porque no podemos pagarla.</p>
<p>La enseñanza principal aquí tampoco no es que cuando pecamos más amamos más, no, no, no. Es como decir: hagamos males para que nos venga vienes, de ninguna manera. <strong>El amor NO radica en el pecado, sino en el perdón</strong>.  Es el perdón de Dios lo que la hizo a ella amar mucho, y no lo contrario. Esta mujer vino a Jesús no tanto para recibir perdón, sino para reciprocar el amor por el perdón recibido, porque estaba arrepentida, y reconocía que en Dios había amor, perdón. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero. Para amar mucho a Dios no tenemos que pecar mucho, no es el punto, es apreciar y reconocer lo que él es. La actitud de esta mujer nos recuerda que el verdadero amor y la sincera devoción por Cristo deben proceder de una plena conciencia de la gravedad de los pecados del pasado y el amor de Dios manifestado en su perdón.</p>
<p>Simón amaba tan poco, que ni siquiera mostró las reglas de hospitalidad que se usaban en aquel tiempo de lavar los pies de los invitados, darle un beso, y también ungirlos. En el trato que tenemos con las personas es que mostramos nuestros afectos. Por ejemplo, si alguien llega a tu casa y estás viendo la TV, dices: «Oh, wao, tú por aquí, qué milagro, ven siéntate…» y sigues mirando la programación. Obviamente es como si nadie hubiese llegado a visitarte. Pero si es alguien que realmente te importa, inmediatamente apagas la TV, le saludas con afecto, y llamas a los familiares a darle la bienvenida. En el caso de Abraham, cuando reconoció que aquellos varones con el Señor pasaban por su tienda, dice la palabra que salió corriendo de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: <em>“Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo” </em>(Gen. 18:3). Podemos honrar a Dios con nuestras palabras, y decir que le amamos, pero nuestro corazón estar muy lejos de él (Mar 7:6). Solo reconociendo cuánto hemos pecado (no en el sentido cuantitativo, sino cualitativo) podremos estar a sus pies.</p>
<p>Finalmente, dice: <em>“</em><em>Los que estaban sentados a la mesa con Él comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona pecados?”</em> (Lucas 7:49). Estos hombres, como Simón, estaban sentados con el Señor, pero su actitud era juzgar, mirar cómo recibe, cómo piensa, cómo es. Así muchos de nosotros vamos a la iglesia a mirar a los que nos rodean, a juzgar el sermón, a señalar, a condenar, pudiendo estar a sus pies delante de su Presencia. Ellos no vieron que el que estaba ahí era Emanuel, Dios con nosotros, porque su duro corazón no los dejó ver. Pero ella, que sí había recibido esa revelación, primeramente, reconoció a Jesucristo: 1. como <strong>Dios y Creador</strong>, mostrando un amor revente, cuando se postró a regar sus pies con sus lágrimas y secarlos con sus cabellos; 2. como <strong>Señor y Salvador</strong>, mostrando sometimiento a su autoridad, cuando besó intensamente sus pies; y 3. como <strong>Mesías y Rey</strong> al honrarlo cuando lo ungió con perfume.  Por lo cual, el Maestro le dijo: “<em>Tu fe te ha salvado, vete en paz”</em> (Lucas 7:50).</p>
<p>Hay un proverbio árabe que reza así: &#8220;Al cuello, lo dobla la espada; pero al corazón, únicamente lo dobla otro corazón&#8221;. El amor de Dios es irresistible, inclinemos nuestro corazón para estar eternamente a sus pies, como aquella mujer, adorándolo, reconociéndolo, honrándolo. Que sea ese siempre nuestro deseo, estar siempre a sus pies, no como una forma externa, sino en la humillación interna de aquel, que impactado por su perdón, le ama y le adora de todo corazón. Amén.</p>
<p>Colaboración: Marítza Mateo</div></div>
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		<title>Jubileo</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Jan 2015 19:48:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”–Lucas 4:18-19 El...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4>“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”<strong>–Lucas 4:18-19</strong></h4>
<p>El jubileo era una de las fiestas judías que se celebraba cada cincuenta años. Su celebración se anunciaba por medio de un toque de trompeta o cuerno, por lo que de ahí se derivó su nombre, de la palabra hebrea yobel que significa «cuerno de carnero». En la misma se debía cancelar toda deuda, liberar a todo esclavo y devolver a sus dueños originales las tierras que habían sido vendidas (Lev 25:8–55; 27:17–24; Eze 46:17).</p>
<p>El objetivo principal que perseguía Jehová con la instauración de la misma era prevenir la ruina total de la tierra y dar libertad a aquellos endeudados para que todos tuvieran la oportunidad de un reinicio. Asimismo, recordarles que el dueño y creador de todas las cosas es Dios, por lo que tanto el deudor como el acreedor tenían que confiar en que Él les proveería lo que necesitaran en ese año sabático. Lamentable, el pueblo de Israel no entendió y no lo observó de la manera que se había establecido, por eso sufrieron empobrecimiento, esterilidad de la tierra y también cautiverios.</p>
<p>En el aspecto espiritual, el año del jubileo es «el año agradable del Señor» (Luc 4.19; Isa 61:2) lo cual representa la salvación que hemos recibido de Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Tomando el espíritu de esta celebración, hemos visto bien celebrar, cada cincuenta días o cada siete sábados un encuentro especial con el Señor, para – como comunidad de fe- darle adoración santificándonos en Él, para recibir de sus manos su abundante y copiosa bendición.</p>
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		<title>Remisión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[El Amanecer de la Esperanza - RD]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Jan 2015 14:53:18 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Redimir es perdonar; es condonar, exonerar, indultar una deuda. El que redime absuelve al deudor. Redime quien tiene la capacidad de entregar todo juicio a Dios. En el Antiguo Testamento no podía haber remisión sin derramamiento de sangre, así Cristo se entregó una vez y para siempre por nuestros pecados. Aunque redimir o perdonar es...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Redimir es perdonar; es condonar, exonerar, indultar una deuda. El que redime absuelve al deudor. Redime quien tiene la capacidad de entregar todo juicio a Dios. En el Antiguo Testamento no podía haber remisión sin derramamiento de sangre, así Cristo se entregó una vez y para siempre por nuestros pecados.</p>
<p>Aunque redimir o perdonar es una prerrogativa solo de Dios, no es menos cierto que hasta cierto punto Él ha entregado el juicio en nuestras manos, no para condenar, sino para perdonar como fuimos perdonados. Siendo así, somos perdonados según perdonamos a los que nos ofenden; somos juzgados con el mismo juicio con que juzgamos y medidos con la misma medida con que medimos; somos reconciliados con Dios según nos reconciliamos con el prójimo y Dios cree en nuestro amor por Él -a quien no vemos-, si amamos a aquellos a quienes vemos. Por lo cual, la remisión es un regalo de amor, no al que ha faltado propiamente –aunque es el que se beneficia- sino a nuestro Padre Celestial, que merece toda honra, todo sacrificio. Amor con amor se paga, dice una canción, y Él nos amó.</p>
<p>Hemos dicho que sin restitución no hay remisión. El que restituye paga, el que redime se entrega voluntariamente. De hecho, nuestro Señor Jesús, primero restituyó la justicia divina y luego dio su vida, voluntariamente, para redimir nuestros pecados. En otras palabras, Cristo cumplió la ley, con su vida impoluta, para restituir la justicia divina, y luego nos redimió de la maldición del pecado, para con su muerte darnos vida.</p>
<p>La remisión, por tanto, es un sacrificio que ofrendamos a Dios, por eso se llama “LA REMISION DE JEHOVA”, pues para Él lo hacemos. Y aunque es un sacrificio que implica dolor, renuncia y muerte, al final también es gozo, libertad y vida. Es mucho mejor dar que recibir (Hechos 20:35), y aunque restituir es dar, redimir es algo superior porque es entregarse totalmente. Veámoslo a continuación, directamente desde la Palabra:</p>
<p>Deuteronomio 15:1-2 Cada siete años harás remisión. Y ésta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová.</p>
<p>Deuteronomio 15:9 Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado.</p>
<p>Mateo 6:14-15 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.</p>
<p>Mateo 18:34-35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.</p>
<p>Mateo 26:28 …porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.</p>
<p>Mateo 6:12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.</p>
<p>Mateo 18:21-22 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.</p>
<p>Lucas 6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.</p>
<p>Lucas 7:47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.</p>
<p>Lucas 11:4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.</p>
<p>Lucas 17:3-4 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.</p>
<p>Lucas 23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.</p>
<p>Marcos 11:26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.</p>
<p>Hebreos 9:15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.</p>
<p>Hebreos 9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.</p>
<p>Hebreos 10:17-18 … añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.</p>
<p>Juan 20:23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.</p>
<p>Efesios 4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.</p>
<p>Colosenses 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.</p>
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		<title>Consejo Bíblico</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Jan 2015 14:47:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La Biblia es el libro de la vida. En ella está todo lo que tú necesitas saber para vivir una vida con sentido. Con la Palabra puedes disipar todas tus dudas, recibir las respuestas a tus preguntas y encontrar la razón y el propósito de tu vida. No hay necesidad de que andes como un...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La Biblia es el libro de la vida. En ella está todo lo que tú necesitas saber para vivir una vida con sentido. Con la Palabra puedes disipar todas tus dudas, recibir las respuestas a tus preguntas y encontrar la razón y el propósito de tu vida. No hay necesidad de que andes como un barco a la deriva si tu embarcación fue construida con un propósito y tiene un capitán que la conduce al feliz puerto, donde enjugará toda lágrima de tus ojos y quitará toda aflicción de tu corazón. En cada necesidad, en cada crisis, cuando hay temor, cuando hay alegría, hay una Palabra de Dios que consuela, que edifica, que establece y también levanta. Selecciona el tema que quieras abordar, cualquiera que sea, y a través de los versos bíblicos, recibirás paz y gozo en el Espíritu Santo, con el auxilio que viene de lo Alto.</p>
<blockquote><p>“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” – Jeremías 33:3</p></blockquote>
<p>Si necesitas más información sobre el tema o deseas expresar alguna inquietud al respecto, por favor escríbenos a: <a href="mailto:info@elamanecer.org">info@elamanecer.org</a>. Para ayuda u oración presiona el siguiente enlace: <a href="mailto:oracion@elamanecer.org">oracion@elamanecer.org</a></p>
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